Rodrigo Fierro

Historia y escritura alfabética

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Jueves 28 de noviembre 2019

Qué pena que no supieran escribir”, fue la opinión del ilustre Daniel Carrión, de ascendencia lojana, cuando al estudiar la verruga peruana, azote de siglos, la fiebre de Oroya, se encontró con que contaba tan solo con cerámicas prehispánicas portadoras de verrugas como único testimonio de su antigüedad. En pacientes venidos a Lima desde Cerro de Pasco, observa y anota la sintomatología. Le quedan vacíos. La incubación. En palabras de Carrión: “este período difícil de marcar, será resuelto cuando la práctica de la inoculaciones se extienda a la dolencia que nos ocupa”. Carrión se hace inocular líquido sanguinolento de raspado de una verruga. Va anotando en su diario síntomas y signos desde la incubación hasta poco antes de su muerte. Daniel Carrión ha pasado a la inmortalidad. Sabía escribir. El texto que dejó, sin modificación alguna, es el conocido por los médicos del mundo entero.

¡Atahualpa se llamaba Atabalipa! Pedro Pizarro, uno de los primeros cronistas es el único que habla de Atabalipa como Señor de Quito. En toda la región andina no hay leyenda, ni historiador que no se refiera al Inca quiteño como Atahualpa. De donde habrá salido que “Atahualpa lloró cuando vio que masacraban a su pueblo”. En Cajamarca, en donde hubo una masacre de indios portadores de las andas en las que iba Atahualpa, no hay cronista, ni siquiera El Padre Valverde, que refiera haberle visto llorar al Emperador.
Ahora resulta que no es el pueblo puruhuay sino puruwá, el que presentó una resistencia feroz (expresión de Cabieses, historiador peruano) a los invasores cusqueños. En la provincia de Cajamarca conocí una comunidad campesina llamada Puruhuay; se mantenían como los indios que vinieron del Norte. Eran mitimaes, los más rebeldes de la provincia del Chimborazo, a quienes los Incas los trasladaron a otras tierras para que perdieran su identidad. El que más los ha estudiado, Aquiles Pérez, en su obra “Los Puruhuayes”.

Cuando no se cuenta con documentos escritos o se habla lo que a uno se le ocurre, surgen barbaridades que inclusive recogen los medios. Sobre la hacienda de Chuquipogyo, resulta que “sus primeros dueños fueron unos incas que custodiaban las fuentes de agua que provienen del Chimborazo”. No, eran cusqueños diestros en la crianza y utilización de llamas y alpacas, introducidas por los incas en los páramos ecuatorianos.

Otra hubiera sido la historia del Imperio de los Incas de haber contado con la escritura alfabética. Otra sería la situación de los indígenas si hubieran recibido educación de calidad. Lo de hoy, lo que piensa una parte de los líderes indígenas carece de razonamiento lógico. Se emiten juicios, huérfanos de toda documentación escrita o ignorada cuando la hay. ¿Qué otra cosa significan las intervenciones de Jaime Vargas?