Roberto Salas

El virus que cambió al mundo

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Sábado 11 de abril 2020

El covid-19 es el primer virus de este siglo que paró el mundo, y ojalá sea el último si aprendemos la lección. Países enteros con la gente exigida a estar en cuarentena, cuidándose para evitar contagios y no permitir que los sistemas de salud colapsen.

Si bien la última pandemia grave de 1 918 mató a casi 50 millones de personas, se espera que este virus no sea tan asesino. Sin embargo, será el causante de una recesión económica mundial que en algunos países puede llegar a ser depresión.

Los efectos son muy graves en empresas, grandes, medianas, pequeñas, con consecuencias serias para los ingresos familiares sobre todo de los más vulnerables a pesar de toda ayuda estatal y civil.

Ni qué decir a nivel de gobiernos, sobre todo de aquellos más dependientes de créditos y commodities como el petróleo, que requerirán de la ayuda internacional, de la empresa privada consciente y de la sociedad civil solidaria, para vencer el caos y las restricciones.

Sin embargo, habrá también oportunidades. No pretendo tener una bola de cristal, ni presumir de capacidades que no tengo, pero podría ocurrir que la cuarentena de cientos de millones de personas genere cambios permanentes, pensando el subconsciente colectivo no lo va a olvidar y volveremos de forma lenta a una normalidad que no será la misma de antes. Aquí algunos pensamientos:

Aceleramiento del mundo digital. Al estar obligados al teletrabajo, mucho más gente aprenderá que se puede ser productivo con protocolos correctos y actitudes abiertas. Las compras en línea, los sistemas de comunicación remota, tendrán un impulso relevante.

Conciencia de salubridad e higiene. El sistema global de riesgos omitía grandes temas que por sus probabilidades o ignorancia no estaban reconocidos en las prioridades de un mundo sustentable. Este error cambiará la agenda global, las costumbres de las poblaciones y los servicios de salud.

Valorar la vida al aire libre y la alimentación sana. El aislamiento hace extrañar el contacto con la naturaleza, el aire fresco, la libertad de movilizarse, viajar. Así mismo la necesidad de buenas costumbres alimenticias para reforzar los sistemas inmunológicos.

Los beneficios de la sociabilización. Cómo extrañamos besar a nuestros familiares, abrazar a los amigos, y reunirnos con libertad con quienes hacemos comunidad. Como valoramos más lo que perdemos que lo que tenemos al pensar que es un derecho adquirido, seremos más conscientes de la importancia del afecto.

Re priorizar capacidades. El manejo de la incertidumbre, la reacción a imprevistos graves y la capacidad de resiliencia será más importante. El libro el Cisne Negro de 2007, que explica qué hacer cuando viene un imprevisto catastrófico, hoy es más actual que nunca.

Toda crisis puede traer cambios positivos si nuestra actitud así lo quiere.