Pablo Cuvi

Los ricos también lloran

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 1
Indiferente 2
Sorprendido 3
Contento 61
Sábado 30 de noviembre 2019

1) La ira, el resentimiento y el maniqueísmo del Guasón suelen caracterizar también a insurrecciones de distinto color, donde los rebeldes usan máscaras de payaso. Pero en su más reciente versión fílmica, el clásico maniqueísmo de las tiras cómicas ha sido invertido y el magnate Thomas Wayne, padre del futuro Batman, representa al mal, al odiado mundo de los ricos y poderosos.

Ello se siente más porque la atormentada interpretación de Joaquin Phoenix nos obliga a ver y vivir el mundo desde su punto de vista, lo que genera una cierta empatía (y complicidad a ratos) con el protagonista. Una vida plagada de abuso infantil, miseria y humillaciones, “sin un minuto de felicidad” como lo confiesa él mismo, explica los primeros asesinatos, hasta que el payaso Alfred asume totalmente su papel de ícono delirante y macabro de la revuelta de los desesperados de una Ciudad Gótica inspirada en el NY de los años 80, lleno de grafitis y basura.
Entre hogueras y disturbios que presagian lo que está aconteciendo hoy en varias ciudades del mundo, un ejemplar de The Gotham Journal anuncia un nuevo movimiento llamado ‘Kill the Rich’. Más claro no canta un gallo.

2) En el polo opuesto de la escala social se halla la familia real inglesa, retratada en The Crown con sus rencillas y torpezas cotidianas. Dicen que la estupenda serie lava la imagen de opulencia y privilegios inútiles pues casi casi que uno siente pena por la chispa Margaret y ese Carlos desvalido. Y piensa en la telenovela ‘Los ricos también lloran’, aunque solo en el título porque la actuación, el guión y la producción tienen hoy alta calidad cinematográfica, tanto así que el puntilloso crítico español Carlos Boyero afirma que vio los diez capítulos de un tirón.

El problema es que en Buckingham solo hay un trono y lo ocupa por décadas una reina gris vestida con tonos pastel, cuya auténtica pasión son los caballos. Quizá por eso crecen personajes como la misma Margarita o el príncipe de Edimburgo quien, en un capítulo memorable, constata que los tres astronautas que llegaron a la Luna son unos gringos comunes y silvestres sin vuelo metafísico. Pero en la pantalla como en la vida, aunque obsoleta y patética, la realeza sigue cumpliendo su función principal: distraer a la plebe.

3) En un video aficionado, el supuesto promotor del antirracismo, el líder indígena Jaime Vargas, subido en una camioneta, tilda de “hijos de puta” a los funcionarios del Gobierno y amenaza estar “dispuesto a cualquier cosa”. ¿A qué, a la toma definitiva de Quito?

Su estrategia es peligrosa: mientras repele a amplios sectores de la población mestiza y costeña, busca consolidar su candidatura como iracundo opositor de este frágil Gobierno. Sí, el odio vende, pero debe tener cuidado de que el tiro no le salga por la culata, como en Bolivia.