Monseñor Julio Parrilla

Pirata solo reparte con pirata

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Domingo 15 de noviembre 2020

Don Miguel de Cervantes fue un hombre sabio, profundo conocedor del corazón del hombre, de sus usos y costumbres, de sus grandezas y miserias. Retrató una sociedad y una época y lo hizo con un alcance universal en el espacio y en el tiempo. No digo que El Quijote sea mi libro de cabecera pero, de vez en cuando, lo abro como quien abre o destapa un tesoro escondido. Les ofrezco una perla hermosa y de suma actualidad: “Querido Sancho, compruebo con pesar cómo los palacios son ocupados por gañanes y las chozas por sabios. Nunca fui defensor de los reyes, pero peores son los que engañan al pueblo con trucos y mentiras, prometiendo lo que saben que nunca les darán. País este, amado Sancho, que destrona reyes y corona piratas, pensando que el oro del rey será repartido entre el pueblo, sin saber que los piratas sólo reparten entre piratas”.

La democracia electiva aún estaba lejos, pero la sabiduría de Don Miguel se adelantó al tiempo y bueno sería que nuestros candidatos, entretenidos entre tanta musiquilla y banderola, leyeran a Don Miguel y tomaran nota. Por el momento, todos los discursos son bastante parecidos: comienza el cambio, a nadie le temblará la mano ante los corruptos, el dinero robado volverá a las arcas, la justicia social saldrá como el conejo de la chistera y habrá trabajo y mote con chicharrón para todos. Algo parecido decía el prófugo cuando hablaba de refundar la patria. A estas alturas, salvando distancias, los discursos suenan parecidos.

Sobran palabras y faltan programas, sobran candidatos y faltan líderes, sobran poetas y faltan técnicos, … Los sueños nunca sobran, pero bueno sería que los piratas desvelaran sus tesoros y nos dijeran qué van a hacer cuando ocupen el palacio del rey. Nuestro pueblo necesita trabajo, salud, cultura, inversiones productivas, seguridad jurídica, división de poderes, justicia justa, enormes cantidades de ética y una inmensa dosis de esperanza. Entiendo lo de los bonos y subsidios (la propia Iglesia es experta en subsidiariedad), pero yo quisiera un país no eternamente subsidiado, sino con derechos, trabajo y oportunidades. Lo triste es que ser pobre social siempre será sinónimo de ser excluido en todas partes.

Según el CNE vaya dando paso a los candidatos, habría que ir dejando el folklore y pasando, de una vez, a las propuestas. No nos prometan el oro y el moro (acuérdense de las palabras de Don Quijote), marquen más bien una ruta mesurable, concreta y posible, que la gente sienta como propia. Y barran la corrupción no sólo de sus equipos y entornos, sino de las mentes enfermizas de aquellos que piensan que la honradez consiste en que no te pillen. Comencemos por nosotros mismos. Acuérdense de la viga y de la paja y no nos cuenten más cuentos. A estas alturas de la película, después de tantos horrores, nuestro pueblo ya sabe que pirata sólo reparte con pirata.