Miguel Rivadeneira

EE.UU. y el fantasma del populismo

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Lunes 16 de noviembre 2020

Luego de las últimas reuniones positivas mantenidas en Washington con altas autoridades de EE.UU., el gran desafío que queda es darle continuidad y profundizar las relaciones con el principal socio comercial. Además, de por medio existe más de un millón y medio de migrantes ecuatorianos que reside en ese país y se estima que cerca de medio millón de empleos se genera en la producción para las exportaciones, al margen del petróleo.

Más allá de los resultados electorales y las incidencias en ese país, interesa actuar de manera pragmática, cómo fortalecer esas relaciones, en momentos que también en Ecuador está por definirse el rumbo político en los comicios presidenciales del 2021. Lo lógico sería mantener una política de Estado, de continuidad, y decir no a las posiciones ideológicas irreductibles que han hecho mucho daño, precisamente para el mejoramiento del nivel de vida de la gente.

La mayor amenaza para el desarrollo real de los pueblos constituye el populismo y sus exponentes demagogos que rondan en el continente en apoyo a gobiernos que han llevado a la ruina a sus pueblos. Venezuela y Nicaragua son malos ejemplos de las supuestas revoluciones, con regímenes corruptos que han esquilmado y festinado sus recursos, con los peores indicadores económicos y sociales, que viven en extrema pobreza y en donde no hay democracia ni institucionalidad sino regímenes dictatoriales. Cuánto daño hace el populismo que solo vende ilusiones, desinformación y posiciones ideológicas, con lo cual no se genera empleo ni se arregla los problemas económicos y sociales. América Latina está llena de ejemplos de demagogos que han hecho tanto mal y que mantienen a sus países en el subdesarrollo, la miseria y la ignorancia porque no les conviene tener pueblos educados, con la anuencia de una parte del electorado atrapado en falsas promesas.

En el proceso electoral ecuatoriano hay voces demagógicas que cuestionan las relaciones con EE.UU., del cual el país no se puede sustraer, con una alta dosis de desinformación. Cuánto daño se hizo en los diez años de la revolución ciudadana al deteriorar las relaciones, romper el Tratado Bilateral de Inversiones y sumir al país en el retraso en la consecución de un acuerdo comercial, en contraste con lo que lograran años atrás los vecinos Colombia y Perú. No se puede volver a eso.

Esta alerta debiera hacer despertar a los ecuatorianos para no caer en los mismos engaños que profusamente se difunden en las redes sociales en lugar de meditar responsablemente en la necesidad de tener estabilidad, fortalecer la dolarización, luchar por el crecimiento de la producción y la generación de mayores fuentes de empleo. Obliga a escoger bien a los candidatos y no caer en una nueva polarización de posiciones de extrema que no solucionarán los problemas.