Mauricio Pozo Crespo

Analgésico vs. Antibiótico

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Sábado 14 de diciembre 2019

La Asamblea Nacional acaba de enviar al Ejecutivo su propuesta de Ley de Simplificación Tributaria, la misma que deberá ser ratificada o vetada parcial o totalmente por el Gobierno. Lo más probable es que la Ley se apruebe o los cambios introducidos sean menores, con lo que el Presupuesto del Estado podría contar con aproximadamente USD 600 millones para el 2020. La proforma presupuestaria enviada, por otra parte, incorpora alrededor de USD 700 millones por cierto incremento que asumen se podrá negociar en el precio de los combustibles. Esta alternativa es incierta, pues la debilidad del Gobierno es evidente. No obstante, si se llegara a transar la reducción en el subsidio al precio de los derivados del petróleo que permita recaudar la cifra citada, lo que iba a rendir el Decreto 883 derogado en esa materia estaría cerca de cubrirse.

Estas decisiones de buscar recursos al Estado para que pueda cubrir sus abultadas necesidades, en la realidad, no estén resolviendo el problema de fondo, están financiando el problema antes que corregirlo. Una decisión estructural es abordar el tema subsidios en su integralidad, pero como se asume no se lo podrá adoptar por la debilidad política del régimen, estaríamos simplemente buscando alternativas de provisión de fondos fiscales.

Al cierre del año 2006 el tamaño del Estado medido como la proporción del gasto público total frente al PIB representaba el 21%. Ese mismo indicador el 2019 representa el 38% del PIB, habiendo años en que este índice superó el 44% del PIB. Esto significa que el gasto del Estado se duplicó, inclusive considerando el tamaño de la economía para cada fecha, a fin de que sean valores comparables. Una muestra de ello es que el gasto en sueldos y salarios fue en el 2006 el 4.5% del PIB mientras el 2019 representa el 9% del PIB.

Una obesidad estatal de esa magnitud produce varios efectos como son déficits fiscales permanentes y crecientes, necesidad continua de nuevo endeudamiento y una mala calidad del gasto público. La mala calidad se evidencia al observar que a la presente fecha la proporción del gasto corriente es del 85% del total mientras el gasto de inversión es de apenas del 15% del total.

Es correcto evitar que el país se atrase en sus obligaciones y preserve los acuerdos internacionales como el actual con el FMI, pero si de modo concomitante no se resuelve la forma de reducir el déficit fiscal y no solo se busca financiarlo, esta “rueda de molino” no tendrá fin. Seguiremos endeudándonos con el apoyo del FMI, pero el riesgo país no bajará mayormente con lo que la inversión privada tampoco podrá crecer y el empleo no se recuperará. Esto abrirá el espacio para que las críticas a este tipo de acuerdos sean más intensas. Estamos con una fuerte infección y con analgésicos solo ganaremos tiempo. El problema se eternizará y se profundizará.