Mauricio Pozo Crespo

El ajuste sin dolor

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Martes 03 de diciembre 2019

Se podrían desglosar los problemas económicos actuales en tres grandes ámbitos: un sector externo y monetario frágil con aún escuetas reservas internacionales, un comercio exterior con un débil equilibrio y una liquidez altamente dependiente del endeudamiento externo público y privado. Un sector fiscal sobredimensionado con un gasto público cercano al 40% del Producto Interno Bruto (PIB), cuya secuela es el alto y oneroso endeudamiento público con déficit fiscales elevados y permanentes. Y un sector productivo estancado, con costos de producción excesivamente altos y cifras preocupantes de desempleo y subempleo.

Esta fotografía gruesa de la economía ecuatoriana y sus principales problemas se pudo haber deteriorado más, circunstancia que no ha ocurrido todavía como consecuencia de cierto freno fiscal aplicado por el Gobierno, esfuerzo que sigue siendo incipiente e insuficiente aunque la política económica ha sido redirigida en una ruta de mayor responsabilidad de manejo. El apoyo internacional ha sido importante aunque ahora es sujeto a una redefinición.

El Acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) fue necesario pero absolutamente insuficiente para recuperar en plazo corto el crecimiento económico y el empleo. La historia de épocas pasadas se repite, pues aprobamos cierto avance en indicadores macroeconómicos pero las reformas de fondo como la focalización adecuada de subsidios, la redefinición del rol del Estado, la solución a tener un Banco Central independiente, el alcanzar un gasto fiscal adecuado, el reemplazar deuda cara por barata y una seguridad social sostenible, no encuentran forma de salida.

Al Gobierno le queda apenas un año y medio en funciones, con una gran debilidad y poco apoyo ciudadano, lo que conspira para introducir cambios de fondo a la débil situación económica. El período electoral se acerca, lo que también introduce otro ingrediente que es la búsqueda de alejamiento de grupos políticos al régimen, más aún si se trata de decisiones electoralmente costosas.

En ese orden de ideas una forma de sobrevivir políticamente para el gobierno es flotar, cuya balsa es el endeudamiento público de cualquier forma y al costo que corresponda. Esta “alternativa” se considera perjudicial y equivocada para el país, pues hipotecará la economía por varios años. Se estaría anestesiando al país .Lo responsable será que el gobierno “se la juegue”, haga lo que debe hacer, avance lo que más pueda en este tiempo que le queda, así termine con el 1% de popularidad. Eso es lo responsable. La historia sabrá reconocer los aciertos y juzgará los errores. Es imposible que se satisfaga a todos. Se están olvidando de limpiar los correístas que siguen en la esfera pública boicoteando cualquier avance. No hay ajuste sin dolor.