De ‘país corcho’ a ‘país dólar’

En una elección presidencial, la moneda no permanece de filo. En algunas ocasiones, manos traviesas logran voltearla con hábiles maniobras; en otras, la mantienen girando el mayor tiempo posible, como sucedió en las elecciones del retorno a la democracia. Para que Roldós enfrentara a Durán-Ballén en segunda vuelta fueron necesarios nada menos que nueve meses.

Vivimos una crisis de representatividad que se expresa en la proliferación de movimientos. En el Perú hoy se presentan nada menos que 18 candidatos, y ninguno luce con un porcentaje significativo para la segunda vuelta. En las últimas presidenciales guatemaltecas se presentaron casi dos decenas de aspirantes.

La primera vuelta se ha vuelto una primaria donde algunos movimientos buscan un pedazo del pastel político y del dinero público para financiarse. De algún modo sería bueno que sustituyeran a unas primarias que no cumplen del todo los movimientos, pero lo malo es que en esa ocasión también se elige a la tan necesaria como cuestionada Asamblea Nacional.

Aquí se enlistaron 16 candidatos y solo cuatro tuvieron porcentajes significativos en la primera vuelta. Si hubiese sentido común y el tejido político aún funcionara, lo lógico habría sido buscar alianzas y afinidades. Así llegamos a la segunda vuelta y lo que suceda hoy será decisivo. No estamos en un país en donde da casi lo mismo que gane una u otra tendencia.

Se dice que en naciones con alto desarrollo institucional los mandatarios tienen poco margen de maniobra, aunque representen enfoques extremos. Se puede argumentar que en Estados Unidos ya no es así, pero hemos visto cómo el sistema expulsó a Donald Trump. El péndulo giró a favor de los demócratas, que siguen líneas de Estado algunas veces más rigurosas que las de los propios republicanos.

Acá sí hay diferencias, aunque la cancha para cualquiera que gane hoy es la misma, y los dos lo tienen claro: un grave problema sanitario con impacto severo en una economía que necesita dinamizarse y equilibrarse. La diferencia es de enfoques, y no es sutil: ¿qué papel cumple el Estado? ¿Es actor o regulador de la economía? Tampoco se puede ignorar la diferencia de visión sobre el modelo institucional.

Andrés Arauz representa a la tendencia que empezó su vida política en el país hace 15 años. Guillermo Lasso es el líder de Creo, cuyo inicio como movimiento se remonta a 2012. Cada uno representa una de las dos caras de la misma moneda que es el Ecuador, con su realidad y con sus retos futuros. Cada uno tiene sus fortalezas y sus debilidades.

Lo peor que pudiera pasar es que el balotaje y sus resultados no sean nítidos. O que el ganador o el perdedor tengan actitudes desbordadas. Ecuador no está para eso: ha ido perdiendo su calidad de “país corcho”, con facilidad para reflotar pese a la incapacidad de sus dirigentes, y se ha vuelto “país dólar”, cualquiera sea el lado del que caiga la moneda.