Lolo Echeverría

Héroe o prófugo

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Sábado 22 de agosto 2020

Los temas que se debaten en la campaña son intrascendentes: si Correa puede ser candidato para la Vicepresidencia, si se unirá la derecha, si los indígenas llegarán a la segunda vuelta. Nada de eso ocurrirá y nada de eso importa. La política se ha vuelto experta en andar por las ramas. Así lo demuestran las discusiones bizantinas planteadas sobre la participación de Correa que solo sirven para hacerle campaña gratuita a sus candidatos.

Los juristas se preguntan si puede ser candidato a la Vicepresidencia; unos dicen que sí, otros que no y otros se contradicen en sus razonamientos. No puede ser, dicen, porque está vetado para la Presidencia y el vicepresidente solo está para reemplazar al presidente, según la Constitución. Ya que no soy jurista, no discuto con ellos, pero observo el argumento. Si este razonamiento fuese válido tampoco podría ser asambleísta ya que, eventualmente, podría llegar a ser presidente de la Asamblea y entrar en la línea de sucesión.

También debaten entre juristas si la sentencia está ejecutoriada o no y por tanto si está habilitado para presentar su candidatura. La sentencia ya está ejecutoriada dicen, basándose en una consulta, y la casación es un recurso especialísimo, pero no es una tercera instancia. Cómo puede estar ejecutoriada si puede caerse en cualquier momento. Los jueces que deben resolver pueden determinar que se ha violado la ley o se ha interpretado mal al dictar sentencia y mandar al archivo el juicio. El acusado podría pasar a ser acusador.

Estas discusiones bizantinas son ociosas porque Rafael Correa no tendrá el valor de presentarse personalmente. Por el caso Balda tiene orden de captura y se cuidará de mantenerse lo más lejos posible. Imaginemos que se tratara de un político que se sabe inocente y tuviera el valor de anunciar su retorno. Al presentarse personalmente al Consejo Nacional Electoral ordenarían su captura. Imaginemos el operativo que podrían montar entre la Fiscalía, los jueces, el Ministerio de Gobierno, la Policía y la televisión.

Si esto ocurriera, convertirían al prófugo en héroe y asegurarían la elección del candidato del correísmo. Ya se quisieran los correístas un líder de estos quilates. No pueden no haberlo pensado, pero no se atreverían a pedirle que corra ese riesgo o le dirán, con boca chiquita, que jamás permitirán que su gran líder se exponga a semejante peligro.

La verdadera campaña electoral se desenvuelve en los pasillos de los nerviosos que desde el poder han llevado al populista que destruyó nuestras instituciones y estableció el gobierno más corrupto del siglo, hasta los dinteles de la cárcel. Ahora se pelea contra el tiempo entre la justicia y la impunidad. Se compara con el caso de Argentina aunque no es comparable. Cristina no salió huyendo, se quedó a dar pelea. Macri, no pudo o no quiso presionar a la justicia y ahora Cristina está a punto de colocar una gavilla de mandaderos como jueces para que deshagan lo que hicieron los jueces valientes. La venganza está servida.