León Roldós

Transparencia, Presidente

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Miércoles 24 de abril 2019

El pedido no sólo es para usted, Presidente. Se extiende a todos los que ejercen –o han ejercido- espacios de poder y/o control en el Ecuador.

En política se habla de pos-verdad, neologismo que intenta justificar que se distorsione la verdad. Es suponer que hay que “fabricar” la verdad, en la versión que interesa la perciban los ciudadanos. Con insolencia, se ha expresado “algo que aparente ser verdad es más importante que la propia verdad”.

Soy de los que creo que la supuesta pos-verdad es calificable de mentira o falsedad o intento de estafa. No se justifica con el eufemismo de que sólo se trata de estrategia de comunicación. Veamos el caso de Assange.

Cuando Wikileaks publicó las evidencias de conductas criminales de fuerzas militares de Estados Unidos -con el encubrimiento desde su poder político- en Afganistán y en Irak el 2010, millones de seres humanos admiramos lo actuado por Wikileaks y Assange.

La trama que llevó al procesamiento de Assange por agresión sexual en Suecia y la libertad condicional de éste en suelo británico era de otro orden jurídico. No por las informaciones filtradas el año 2010 tenía derecho a aprovecharse sexualmente de aquello, forzando a mujeres.

Es indudable que el “asilo” que el Ecuador le concedió el año 2012 fue negociado políticamente por el gobierno de Correa para asumir éste un rol protagónico de protección a quien aparecía enfrentando al poder norteamericano.

El 2016, Assange se alineó contra la candidata demócrata Hillary Clinton, beneficiando así a su contradictor, Donald Trump, que en forma repetitiva expresaba “Yo amo a Wikileaks”. La campaña de Assange, desde la Embajada en Londres fue a costos pagados por el Ecuador. Ya avanzado octubre, a semanas de las elecciones en Estados Unidos, Ecuador anunció que Assange no podía utilizar equipos y líneas de la Embajada, pero se le armó su propio sistema de comunicación.

¿Estuvieron Putín y el gobierno ruso auspiciando a Wikileaks y a Assange? En el caso de Correa sí hubo declaraciones explícitas en que expresaba simpatía para la señora Clinton, pero que para el proyecto de fortalecer la oposición de Latinoamérica a Estados Unidos podía ser conveniente el triunfo de Trump. Millones de latinoamericanos están sufriendo por ese razonamiento narcisista.

Luego, el proceso vergonzoso de darle la nacionalidad ecuatoriana, con documentos y declaraciones evidentemente falsos, intentando darle rango diplomático para sacarlo a Rusia, en una burla al gobierno británico, supuestamente cae en la pos verdad para intentar salvar a Assange.

Los millones de dólares gastados en Assange y la forja y falsificación de los documentos para darle la nacionalidad ecuatoriana, será inadmisible que queden en la impunidad.