Juan Valdano

Humboldt, conciencia del mundo

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Miércoles 17 de abril 2019

A mediados del siglo XX algunos pensadores se preguntaban si cabía hablar de humanismo luego del Holocausto, luego de una época de desprecio al ser humano. Ahora, a inicios del siglo XXI, y cuando se habla de inminentes catástrofes ecológicas, nos preguntamos si un auténtico humanismo puede llegar a ser compatible con la globalización.

El interrogante es pertinente ya que, lo queramos o no, somos parte de una civilización depredadora de la vida silvestre y en nombre del progreso devastamos la diversidad del planeta, destruimos este hábitat natural que ha hecho posible la persistencia del ser humano. La globalización, tal como hoy existe, está distante de toda postura humanista.

Y sin embargo, es la hora de encontrar el camino de un nuevo humanismo que parta, como es obvio, de los valores de lo humano y los armonice con los logros que puede ofrecer la globalización. Ese camino ya fue previsto hace unos 200 años cuando Alexander von Humboldt (1769-1859) habló de la “conciencia del mundo”. Para el científico prusiano este concepto se refiere a “la intrínseca asociación entre el mundo natural y el mundo humano”. Lo que equivale a decir que al mundo no se lo puede pensar sin el ser humano que lo habita y a este sin aquel. Todo humanismo debería partir hoy de una conciencia ecológica.
Tener “conciencia del mundo” implica un darse cuenta de que el mundo es una realidad compleja que nos rebasa; que el solo hecho de relacionarnos con él aumentará nuestra experiencia sobre los seres humanos que lo habitan, sus culturas, sus formas de comunicarse y vincularse con el medio ambiente. Dominar la naturaleza respetando su equilibrio y su diversidad es la lección moral y política que Humboldt nos ofrece.

Todo saber es una búsqueda, un proceso, una aventura. No hay conocimiento del mundo que sea definitivo. La raza humana nunca llegará a conocer del todo la casa en la que habita. Y es en esta idea que se funda la esencia del humanismo de Humboldt. La cultura propia de la que necesariamente partimos impondrá siempre unos condicionamientos de los que será difícil escapar. Cualquier visión del mundo que nos aventuremos a expresar será incompleta, así como provisional será también nuestra opinión.

Cuando a inicios del siglo XIX Humboldt explicaba la dinámica de este planeta como “un conjunto natural animado y movido por fuerzas internas” se anticipaba a la visión contemporánea de una naturaleza viva e interconectada, un entramado de fuerzas que se implican. No se puede afectar una parte sin perturbar el todo. La conciencia del mundo es la conciencia del ser humano sobre el mundo. “Este es el legado humanista que von Humboldt nos dejó y que podemos entender como un reto muy vigente en la fase actual de la globalización” (Oliver Kozlarek).