Juan Esteban Guarderas

Fraude a vista y paciencia

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Viernes 22 de noviembre 2019

Tenía un sombrero boliviano indígena (bombín) espléndido. Lo portaba como si fuera una extensión natural de su cabeza. La ex presidenta del Tribunal Supremo Electoral de Bolivia, María Eugenia Choque, usaba un atuendo indígena con el rigor de quien quiere mostrar sus orígenes. “Para nada, es totalmente mestiza. Toda su vida se vistió con ternos. El bombín y atuendo indígena se lo clavó cuando quiso congratularse con el MAS de Evo Morales.” Ante mi incredulidad, me mostraron fotos.

Estuve en Bolivia cuando ocurrió un evento que yo creí que era imposible. En un país pobre (el PIB del país es aproximadamente 40% del ecuatoriano) se gastaron millones de dólares en unas insólitas elecciones. Se trataba de elecciones primarias, donde los electores escogerían el candidato dentro de cada partido que competiría en las elecciones de octubre. Pero no hubo contendientes en ningún partido. Es decir, había nueve papeletas, todas con una única opción.

Resultado, se trató de elecciones donde todos los candidatos ganaron, y no hubo ninguna competencia. ¿Qué explica esa locura? Simple, era una movida de Evo Morales para justificar su candidatura a la reelección, a pesar de que el pueblo rechazó esa posibilidad en una consulta en el 2016. Fue entonces cuando entendí mejor el personaje de Choque. Ella no buscaba promover la democracia, sino que se trataba de una persona dispuesta a todo (empezando por su atuendo, terminando en procesos electorales surreales) buscando poder u otras prerrogativas.

Según el informe de la OEA, el día de las elecciones para la transmisión de resultados electorales se re dirigió el flujo de datos a una red foránea. Esta red no estaba registrada, no se contaba con ella, ni estaba previsto el uso de un recurso así. Adicionalmente se realizó un análisis de actas. Se seleccionó para examen aquellas actas donde Evo ganaba el 99% de los votos y se las cotejó con actas de mesas del mismo centro, contiguas. Las conclusiones son tremendas, de 333 actas 78 tenían irregularidades. El escenario de fraude llegó a un colmo verdaderamente cómico. Se encontraron actas donde hubo una completa participación de votantes (sin ningún ausentismo), y donde el 100% – sin excepciones – votó por Morales. No siendo esto suficiente se detectó mesas donde en el acta original habían firmas que no se correspondía con las copias. La cadena de custodia de las urnas fue deficiente. Hubo centros donde todas las actas fueron firmadas por una única persona, coincidentemente un afiliado del partido oficialista. Se encontró actas quemadas. En fin, es difícil imaginar esquemas de fraude que no se hayan detectado en el caso boliviano.

¿En que quedaron los ideales? ¿Los cambios de época? ¿Ilusiones rotas? ¿Darse los dientes contra el asfalto? ¿Fue una máscara de progreso?