José Ayala Lasso

El virus no es regionalista

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Sábado 21 de marzo 2020

“Nuestras vidas son los ríos/ que van a dar en la mar/ que es el morir (…) y llegados, son iguales/ los que viven por sus manos/ y los ricos”.

Jorge Manrique describe así la función igualadora de la muerte que a nadie perdona, que todos temen, que a todos trata con igual guadaña.

La pandemia que está asolando a la humanidad tampoco dedica miramientos especiales a nadie. A todos puede afectar, en todas partes. Este carácter no discriminatorio del contagio tiene de cabeza a la humanidad, porque multiplica geométricamente la expansión del virus. Las estadísticas dicen que un bajo porcentaje de los afectados fallece, pero que todos integran la cadena de transmisión de la patología.

La pandemia ha golpeado también a la economía y a la psicología social; aún los países más adelantados han sido tomados por sorpresa y se hallan todavía ensayando métodos para controlarla. Las noticias positivas, como el progreso en la fabricación de una vacuna o la disminución de los contagios en China, se ven oscurecidas por la dramática multiplicación del virus en Europa y América.

Las severas medidas adoptadas por los gobiernos han forzado un cambio del modo de vida de sus poblaciones, afectadas por el temor. En el Ecuador, la más dura ha consistido en propiciar el aislamiento de enfermos y sospechosos de contagio, y en prohibir los contactos no indispensables a toda la población. “¡Quédate en tu casa!” ha sido la orden y la súplica que el Gobierno ha dirigido.

Es posible que esa medida no sea suficiente porque no puede ser ejecutada sin excepciones obvias, como las indispensables para asegurar la alimentación, la atención de salud y la prestación de servicios básicos, pero todo ecuatoriano sensato está obligado a cooperar con el Gobierno en esta materia.

Lamentablemente, desaprensivos e irresponsables ciudadanos han desobedecido las disposiciones oficiales. Pero lo más insólito es que autoridades locales, desafiándolas con prepotencia, hayan cerrado con palos y piedras las vías de acceso a ciertas ciudades o bloqueado la pista del aeropuerto de Guayaquil, temeraria e irresponsablemente, en clara violación de leyes nacionales y normas multilaterales relativas a la seguridad aérea. Es doblemente condenable, además, que se haya pretendido justificar tal actitud con argumentos escritos con tinta regionalista que creíamos desaparecidos.

El Ecuador se fortalecerá si todos contribuímos a vigorizar su unidad, espíritu que nos debe guiar siempre, pero especialmente en horas de crisis. Somos un solo país y un solo pueblo. Pretender revivir ideas federalistas es inoportuno e irresponsable. Es hora de que los buenos ecuatorianos presten su concurso para salir de la crisis y no para exhibir egoístas afanes de vanidosa figuración.