Gonzalo Ortiz

Vuelco en la iglesia y el cabildo

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Jueves 02 de mayo 2019

Hoy toma posesión de la arquidiócesis de Quito monseñor Alfredo Espinoza, SDB. En la ceremonia en la catedral, la más antigua de Sudamérica, le será colocado el palio, signo milenario de la dignidad arzobispal. Decimoquinto arzobispo de Quito y primado del Ecuador, Mons. Espinoza tiene notables características personales, que muchos de sus nuevos feligreses apreciamos durante los años en que se formó y trabajó en Quito. Es guayaquileño y por tanto tiene franqueza y dinamia; es salesiano y por tanto tiene vocación por los niños, los jóvenes y los pobres. Por cierto, Quito ya tuvo, hace 160 años, un arzobispo guayaquileño: Mons. Francisco Xavier Garaycoa (1851-1859), segundo arzobispo de Quito, tras Mons. Nicolás Arteta Calisto (la arquidiócesis se creó en 1848; la diócesis en 1545).

Espinosa está llamado a ser organizador, líder y pastor. Duele decirlo, pero la verdad es que van 15 años de deterioro. Desde el retiro del cardenal González se ha descuidado al clero, su formación y acompañamiento. Ni siquiera para las confirmaciones iban los últimos arzobispos a las parroquias. Espinoza, en cambio, en sus primeras declaraciones, dijo que visitará una a una las parroquias. Y también que seguirá la guía del papa Francisco, por lo que esperamos que irá formando una iglesia en salida, que sirva a las periferias sociales, que nos sacuda de la cómoda rutina “piadosa” a todos los católicos.

Doce días después tomará posesión del sillón de Jijón Caamaño, Jorge Yunda. Chimboracense, de familia pobre, vino a vivir a los nueve años en Quito, estudió en el colegio San Andrés y la U. Central y se ha forjado una carrera de músico y radiodifusor. Subsisten sin embargo dudas sobre el método por el que consiguió medio centenar de frecuencias radiales, acerca de lo que la Contraloría emitió un informe señalando responsabilidades, aún no desvirtuadas. Sin embargo, uno de cada cinco votantes lo eligió, y dadas las vanidades, la campaña sucia y la dispersión del voto de Quito, es por ley el alcalde de Quito.

En política, sin embargo, lo legal no es igual a lo legítimo, y eso tiene que ganárselo. Tal vez por eso, Yunda ha hecho esfuerzos por fichar a unas cuantas estrellas y por mostrar apertura. Pero ahora le toca imponer liderazgo, que no demostró cuando fue presidente de El Nacional. Se lo ve optimista y campechano, lo que está bien, pero ¿tendrá la mirada estratégica y conciencia de las múltiples aristas que implica conducir una ciudad en crisis? Y es que, triste paralelismo, los 10 últimos años del cabildo han sido fatales, bajo dos alcaldes perniciosos. No se me malinterprete: ni en la Iglesia ni en el municipio ha sido todo malo. Hay sacerdotes excelentes, igual que secretarios y directores municipales de primera. Lo que digo es que la tarea que deben emprender las dos nuevas autoridades es descomunal.