Francisco Rosales Ramos

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Miércoles 10 de abril 2019

Por encima de estos impresentables intercambios entre el expresidente y el actual jefe de Estado que confirma el viejo adagio de “enojados los compadres se dicen las verdades”, es fundamental mirar el futuro inmediato, que exige acciones profundas y urgentes. Despreciable pero no sorpresivo el comportamiento del prófugo en Bélgica, pero lamentable que el presidente haya descendido al mismo campo del envite.

El Gobierno ha celebrado un compromiso de enorme importancia con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que le obliga a un acuerdo básico entre los líderes políticos y sociales. Deben dejar de lado rencillas intrascendentes y comprometerse a reformas tributarias, laborales y administrativas, que permitan retomar el cauce de la disciplina fiscal, desmontar estructuras que obstaculizan la inversión y el desarrollo, compensar los altos costos que le restan competitividad a la producción nacional, estimular la inversión privada, restablecer la institucionalidad, despolitizar la justicia; en suma, superar los obstáculos que han generado el estancamiento económico y la destrucción de empleo.

Sería vergonzoso que el compromiso con el FMI no vaya más allá del primer desembolso, porque el país no ha sido capaz de implementar las reformas a las que se comprometió. Los reiterados incumplimientos con el ente obligan a la sociedad, con el liderazgo del gobierno, a madurar y convertirse en una nación seria, que honra sus compromisos.

Desde luego, no se trata solamente de cumplir los compromisos con el FMIporque es propio de países y gobiernos responsables, honrar sus obligaciones, sino -y lo más importante- porque es el camino para salir del desastre económico e institucional que dejó la década perdida. Baste recordar que en los ejercicios 2011, 2012 y 2013, en los que el precio del petróleo bordeó los 100 dólares por barril y superó al previsto en el presupuesto, en lugar de destinar los excedentes a un fondo de contingencia, como recomendaba un elemental principio de prudencia, se gastaron hasta el último centavo. Y cuando los impuestos y el precio del crudo no fueron suficientes para sostener un gasto público descontrolado y absurdo (de USD 10 006 millones en 2007 pasó a 37 735 millones en 2014) se recurrió al endeudamiento desaforado, para mantener el Estado de propaganda y la corrupción más descarada de la historia nacional.

Entonces, cumplir el acuerdo con el FMI es mandatorio, tanto para recibir los desembolsos programados por el propio Fondo y por los institutos multilaterales de financiamiento, como el Banco Mundial e Intermaeircano y la Corporación Andina de Fomento, y para recobrar la confianza en el país. Los dos primeros años de la administración Moreno han transcurrido velozmente y apenas le queda, en la práctica, un año para justificarse a sí mismo y recomponer al alicaído país.