Farith Simon

¡Viva la Revolución!

valore
Descrición
Indignado 58
Triste 2
Indiferente 2
Sorprendido 1
Contento 69
Lunes 19 de octubre 2020

Lenin sostenía que “…es evidente que la liberación de la clase oprimida es imposible, no sólo sin una revolución violenta, sino también sin la destrucción del aparato del Poder estatal que ha sido creado por la clase dominante…”. Cito esto a propósito de las ideas planteadas en el libro “Estallido. La rebelión de octubre en Ecuador”, escrito por Leónidas Iza, Andrés Tapia y Andrés Madrid, presentado por sus autores como un relato colectivo, una lectura “orgánica” de octubre del 2019. Leí el texto que los autores describen como objetivo, pero no neutral, producto de intelectuales orgánicos para promover un debate real, lo que según ellos deja en claro la objetividad de su texto (imposible desde la organicidad) y les hace poseedores de la verdad: “no queremos quedarnos con suposiciones de las verdades, sino que la verdad construida a partir de una realidad (sic) construida en teoría”, dice Tapia en una de las presentaciones. En pocas palabras, debatamos, pero tenemos la verdad; “octubre raya en la epopeya”, dicen, pero “esta hazaña, a pesar de todo, dista aún de alcanzar el fondo de la necesaria radicalidad del verso-subversivo. No fue aún la Revolución”.

Los autores toman posición: se debe acabar con la democracia burguesa capitalista, con la democracia liberal, la de los votos, del institucionalismo. Octubre, dicen los autores del libro, “no logró constituirse en una situación revolucionaria – en poder dual-, forma más elevada de disputa en términos de V. I. Lenin”, pero queda claro que están trabajando en lo que describen como enfrentamiento entre el bloque del “campo popular” y el bloque de la “clase dominante”, donde la identidad de clase (no la étnica) es un factor central en su cuestionamiento al Estado burgués; hay que destruir todo, hay que crear la “unidad del campo popular…la base social para la transformación del Ecuador (obrero-campesina-indígena popular, excluyendo a los campesinos ricos y a la burguesía indígena)”; luego hay que sumar a los demás para crear la unidad entre sectores de la izquierda anticapitalista, pero dejando de lado el “planteamiento multiculturalista, el cual sostiene la idea de la tolerancia de las diferencias, sin reparar en la desigualdad económica y social”.

Es claro, la exclusión, el incremento de la pobreza, las dificultades de acceso a la educación, a la salud, a los derechos, debilitan la confianza en la democracia, el pluralismo y en el propio discurso de derechos; abre paso a una radicalidad que trae de vuelta alternativas totalitarias que la historia ha demostrado no funcionan, que romantiza la violencia, la justifica y la promueve. La respuesta a esta amenaza debe ser democrática, desde los derechos –defendidos en serio y no a conveniencia -, aunque esto suene ingenuo frente al llamado a demoler a mazazos al Estado hecho por quienes solo ven como alternativas al “Comunismo indoamericano o barbarie”; por eso no son candidatos, ya no le apuestan a las elecciones, su opción es “la Revolución”, así escrita, con mayúsculas.