Walter Spurrier

Sin empleo

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Martes 24 de diciembre 2019

Estas Navidades mis pensamientos están con quienes no tienen empleo formal. Ya son cinco años en que el país destruye empleo. En septiembre 2014, cuando empezaba a caer el precio del petróleo, Ecuador tenía una población urbana en edad de trabajar (PET) de 7,8 millones, de los que 2,8 millones tenían empleo adecuado, el 36%. En estos cinco años, la PET aumentó en 800 mil a 8,6 millones. Si el mercado laboral se hubiera mantenido igual, de estos 800 mil, el 36% hubiera conseguido empleo adecuado: 287 mil empleos nuevos. Pero no fue así. No se creó ni un solo empleo nuevo; más bien se destruyeron 170 mil.

Las políticas laboral y salarial equivocadas causan que falten 457 mil empleos, entre destruidos y no creados. El alza permanente del salario básico es una de las razones para que caiga el empleo. En un contexto de economía deprimida, las autoridades elevan el salario, las empresas evalúan como le va a afectar sus resultados, y deciden no contratar o reemplazar a los que se retiran, incluso despedir.

En los doce meses a noviembre, no hubo inflación. A pesar de eso, las autoridades se disponen a anunciar un alza. Si no lo hacen, lloverán críticas de todos lados.

Ecuador tiene el salario básico más alto entre las mayores economías de América Latina. Mucho más elevado que Colombia, Perú, México, Brasil, Argentina, Venezuela. Solo Chile se acerca al salario ecuatoriano, pero con semana laboral de 45 horas.

Cuando teníamos el sucre e inflación sobre 10%, el alza de salarios era indispensable, para compensar la caída del poder adquisitivo del sueldo. Hoy, dolarizados, no hay caída. El alza de salarios debe quedar como potestad del patrono, para compensar a los trabajadores más productivos.

El salario básico tan alto es particularmente perjudicial en los negocios que producen bienes que compiten con similares importados, o son de exportación. Años atrás, el sector camaronero daba mucho empleo femenino pelando camarón para exportar colas. El alza exagerada del salario tornó muy caro pelar el camarón. Ahora se exporta sobre todo camarón entero, y esos empleos se evaporaron.

No es solo cuestión de sueldos. El recargo en trabajo en horas distintas a las habituales, fin de semana, trabajo eventual, etc., desalienta la contratación. Igual el exagerado costo de despido. Una normativa salarial y laboral muy favorable al trabajador con empleo estable (y ese es el objetivo) resulta perjudicial para quien aspira a empleo formal, y no consigue. El precio es que el empleo se encuentra en actividades al margen de la legalidad.

Se requiere una reforma laboral que aliente a que se abran más plazas de trabajo formal. Pero no se vislumbra que lo vayan a hacer.

En estas Navidades pudieron ser 457 mil hogares más con ingresos estables. Una gran tristeza que no sea así.

wspurrier@elcomercio.org