Gonzalo Ruiz Álvarez

... ‘que 20 años no es nada, ...’

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Viernes 10 de enero 2020

La dolarización es, para muchos analistas, el hecho económico más trascendente de la historia republicana. Hace 20 años llegamos asfixiados.
Luego de un siglo XX de cambios significativos, desde la emisión de moneda de las casas bancarias hasta la unificación y la Misión Kemmerer, la economía nacional atravesó varios períodos que le marcaron.

Los productos que se exportaban como el café o el cacao, escribieron su página en esta historia; la exportación bananera tuvo su época dorada, con matices que la distinguen de aquella producción de las transnacionales que se ilustra en la última novela de Vargas Llosa en Guatemala o las plantaciones que veía, desde el viejo vagón de tren a Aracataca, García Márquez.

Tras un siglo de extracción de petróleo en pequeña escala en la península de Santa Elena la historia cambió en 1972 y los grandes campos considerados durante años las joyas de la corona, empezaron a entregar al fisco cantidades de dinero nunca vistas. La colocación del primer barril de petróleo en el Templete de los Héroes del Colegio Militar pinta la escena. Aquel primer ‘Festín del petróleo’ cambió el país. Vino la época del endeudamiento agresivo, cuatro veces se multiplicaron los empréstitos con la garantía del oro negro. Entramos en el Pacto Andino con la esperanza de que el modelo de sustitución de importaciones podía funcionar. Muchas cosas cambiaron en el país, desafortunadamente no tantas como se pudo. La lucha contra la pobreza sigue siendo hoy la gran deuda social pendiente.

El dólar se mantuvo por años en 18 sucres, luego con Velasco Ibarra dio un salto a 25.
Ya en democracia, el crecimiento de la burocracia, las guerras con el Perú, las inundaciones de 1982 y la crisis de la deuda latinoamericana iban agrietando la postal.

Jamil Mahuad llegó con un hermoso discurso de las armonías. Lamentablemente la utopía no se pudo poner en práctica. Un compromiso gigante con grandes financistas, préstamos vinculados y la mancha blanca del camarón arruinaron al país.

Si sus antecesores tuvieron problemas con la inflación y el modelo especulativo, la crisis bancaria y la voluntad de sostener a la banca privada en aprietos empezó a crearle severos problemas. Años antes la apertura total a las instituciones bancarias y financieras con la idea de que el mercado se regulaba solo dio amplia liberalidad y desafortunadamente la autoridad no cumplió su obligación: supervisar con rigor.

Llegó la debacle, la desintermediación financiera. La crisis solo se salvó con la boya de la dolarización. Se salvó el país y se hundió Jamil. La dolarización fue criticada por cuestión de soberanía. Joyce de Ginatta decía, en entrevista con Andrés Carrión, que el salario mínimo hace 20 años era USD 40. Hoy es USD 400, de los más altos de la región. Falta mucho: seguridad jurídica, inversión extranjera, crear fuentes de empleo, diversificar más las exportaciones. Las tasas de interés debieran bajar para estimular la producción. El dólar, empero, sostiene al Ecuador. Pero puede ser mejor.