Diego Araujo Sánchez

Demonización de periodistas

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Martes 26 de noviembre 2019

¿Quién,como candidato presidencial, expulsó de una rueda de prensa a un periodista? ¿Quién, como presidente, ha tildado a los medios de comunicación de enemigos del pueblo y a los reporteros de personas terribles, desagradables, falsas o se ha negado a responder una de sus preguntas calificándola de estúpida? No fue alguno de los mandatarios del socialismo del siglo XXI. Ese discurso descalificadores de Donald Trump.

Los extremos se tocan. Cuando en enero de 2007 Rafael Correa llegó a la presidencia, nadie imaginó que el Ecuador viviría el periodo de mayor deterioro de las libertades ciudadanas y más conflictivo para los medios de comunicación. Ningún gobierno, ni democrático ni dictatorial en el último medio siglo, había desarrollado en el Ecuador una campaña tan sistemática y agresiva contra la prensa como la que desplegó su régimen. Todas las semanas, en los enlaces sabatinos, el mandatario atacó a los medios no alineados con el gobierno. Bestias salvajes, sicarios de tinta, buitres, mentirosos, mediocres, y corruptos son algunos de los insultos del presidente contra los periodistas, a quienes declaró los mayores enemigos de su gobierno.

¿Eran los ataques sistemáticos solo una enfermiza aversión? No, iban más allá del talante personal del mandatario, aunque ese talante le predispusiera a reacciones viscerales y explosivas y a no mostrar la menor tolerancia ante la opinión divergente u opositora. Quien no estaba alineado con el gobierno era su enemigo. La demonización de la prensa se revela como una impronta ideológica del socialismo del siglo XXI; pero se muestra también en regímenes de tendencia diametralmente opuesta. En el país, esos ataques, las demandas contra periodistas y medios exigiendo millonarias indemnizaciones y una Ley de Comunicación calificada “como el más peligroso retroceso para la libertad de expresión en los últimos años en América Latina”, causaron enorme daño.

Los coletazos de esa política perduran: tras el criminal piedrazo que recibió Fredy Paredes, el periodista de Teleamazonas, después de dejar el Ágora de la Casa de la Cultura donde una veintena de comunicadores habían sido retenidos por los dirigentes indígenas durante los violentos días de octubre, ¿no se evidenció la cosecha de odio sembrada en la década pasada? “Fue un momento de coraje”, declaró el agresor, ex militante de AP, antes de darse a la fuga.

Por todo ello es más repudiable aún que prosiga esa demonización de medios y periodistas, ahora desde un templo, en el sermón durante una Misa, en el que el actual rector de la Universidad Católica de Quito, Fernando Ponce S.J., denostó el trabajo de la prensa y descalificó a los periodistas a quienes tildó de “inquisidores”, como narró la semana pasada Miguel Rivadeneira.