Walter Spurrier

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El Fondo Monetario Internacional culminó su visita de alto perfil. Lo que antes de Correa era rutinario, ahora es excepcional. Vinieron a evaluar la economía, como hacen con todos los países miembros, y a su partida emitieron un boletín de prensa que destaca los progresos del equipo económico en tan solo mes y medio, y la ley de fomento, en proceso de aprobación. Todo con el ánimo de ir cerrando la profunda brecha fiscal heredada, y alentar la reactivación de la inversión privada.

El déficit del sector público no financiero, en 4,8% del PIB en 2017, sigue siendo alto para una economía dolarizada, observan. Recomiendan un ajuste del gasto público que, si bien gradual, empiece pisando duro.

La dolarización hace que un ajuste en el Ecuador tenga desafíos más duros de enfrentar, que con moneda propia. Al referirse a la necesidad de fortalecer al sector externo, observan que el tipo de cambio real está sobrevaluado, lo que constriñe la competitividad, el crecimiento y la creación de empleo, y vulnera las perspectivas económicas.

¿Tipo de cambio sobrevalorado? Aquí entra a jugar que durante los primeros ocho primeros años del correato, los de bonanza, el gobierno mediante una política procíclica, de aumentar el gasto público desmedidamente, y el alza de costos de producción, entre otras medidas con la elevación de los salarios por decreto en 10% anual, hizo subir los precios al consumidor 25% más que los de EE.UU. Tornó al Ecuador en país caro.

Cuando cayó el precio del petróleo y no sobraron divisas, no pudimos rectificar errores mediante devaluación. Sin ajuste de precios, estamos condenados al estancamiento y nos mantenemos en riesgo de una crisis profunda. Hoy, las empresas buscan cortar costos, y eso explica que haya una inflación negativa.

Desde fines de 2014 a la fecha nuestros precios han bajado en relación a los de EE.UU. en 6%. Nos ha tomado tres años y medio. A ese paso, nos faltan diez años más para recuperarnos de los excesos del correísmo.

El problema es que con dolarización tenemos una política cambiaria inflexible, lo que requiere flexibilidad en otras áreas, sobre todo la laboral. Con dolarización, empleados y ahorristas ganaron la seguridad de que sus sueldos y ahorros no se devaluarían. Pero la contraparte debió ser no tanta proactividad en señalar sueldos por decreto y tornar menos inflexible la relación laboral.

Por ello, el Fondo recomienda que, para mejorar la competitividad, es necesario suavizar la relación laboral, ampliar los acuerdos comerciales, mejorar la eficiencia y confiabilidad del sector energético, y continuar la lucha contra la corrupción.

Si, como es probable, requeriremos apoyo del Fondo en el cuarto trimestre, condicionarán el crédito a acciones en esos frentes.

Es eso o una década de estancamiento.