Marco Arauz

Cuidado, Lenín, que se va el tren

valore
Descrición
Indignado 6
Triste 0
Indiferente 3
Sorprendido 1
Contento 59
Domingo 23 de septiembre 2018

Si alguien nos contemplara desde afuera, se maravillaría al ver que el Ejecutivo y el Legislativo sostienen una cerrada disputa por establecer quién llega más lejos a la hora de plantear más normas anticorrupción. ¿Realmente nos hacen falta -salvo algún aspecto puntual como la delación premiada si esta es efectiva-, o los políticos están convencidos de que es una bandera que no hay que aflojar?

Ya tuvimos un poco de populismo penal en la consulta de febrero de este año y podríamos seguir por ese camino, pero el problema de fondo no es atiborrarse de reglas sino usar las que ya existen o mejorarlas. La Asamblea Nacional, por ejemplo, debiera empezar por lograr que su fiscalización funcione.

Después de las investigaciones que terminaron con el exvicepresidente Glas, su tío y varios ex funcionarios presos y otros prófugos, lo que hemos visto durante meses es una acumulación gigantesca de procesos en torno al manejo de fondos públicos más dispendioso, innecesario y oscuro del que se tenga memoria en el Ecuador.

La Contraloría ha tenido un papel bastante activo y la Fiscalía hace todo lo que puede para avanzar rápido y no violar el debido proceso, pero es evidente que incluso los más concernidos en esta lucha anticorrupción tienen serias dificultades para desenredar la madeja. Varios casos apuntan en última instancia al expresidente Correa. El más emblemático -aunque no por corrupción- es el 30-S. Los acontecimientos de hace ocho años marcaron una ruta irreversible en su ejercicio del poder y dejaron muchas heridas abiertas.

Puede ser el momento de empezar a cerrar casos, a sabiendas de que los procesos podrían durar incluso años. Una de las frustraciones del ciudadano común frente a la corrupción es la incapacidad de que el Estado recupere lo robado, y en ese aspecto también hay que empezar a mostrar los resultados de las acciones internacionales de cooperación.

Otro asunto en el cual hay que terminar de atar cabos es el de la reinstitucionalización a cargo del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social transitorio, que ha lidiado con materias difíciles y ha tenido momentos delicados al tocar un modelo minuciosamente montado para sostener al poder desde el sistema judicial y los organismos de control.

La lucha contra la corrupción y la reestructuración institucional ya no darán votos. Hay que ocuparse de los problemas que han hecho que la gente pierda el optimismo de hace unos meses y que no vea el futuro con claridad ni a los actuales líderes con entusiasmo.

La gente está abotagada y sería muy grave que se eche por la borda la expectativa de un nuevo momento. La libertad y la tolerancia son bienes inapreciables, sobre todo cuando se los había perdido, pero el empleo y la seguridad son básicos. Es el momento para los políticos y los empresarios de verdad.