Gonzalo Ruiz Álvarez

Víctor Jara, 45 años después

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Viernes 06 de julio 2018

En septiembre se cumplen 45 años del golpe de Estado que derrocó al presidente socialista Salvador Allende en Chile.

La muerte de Allende, de sus cercanos colaboradores, de 3 200 ‘sospechosos’ de ser militantes izquierdistas, más de 1 000 desaparecidos, 33 000 torturados y miles de exiliados es el saldo trágico de la dictadura militar que encabezó el General Augusto Pinochet para ‘librar’ a Chile del comunismo.

Entre los primeros nombres de asesinados en el Estadio de Chile en aquel triste mes de septiembre de 1973 está el de Víctor Jara. Director de teatro y cantautor, militante del Partido Comunista. Él dirigió al conjunto Quilapayún y fue contemporáneo de los hermanos Parra y de Inti-Illimani. Recién recordamos el legado de estos grupos con ocasión del triste fallecimiento del ecuatoriano Max Berrú Carrión integrante de ‘los intis’.

El repertorio de Víctor Jara es parte del cancionero - ya clásico - de la música protesta y la Nueva Canción Latinoamericana.

‘El aparecido’, ‘Te recuerdo Amanda’ (el nombre de su madre fallecida prematuramente), ‘Duerme, duerme negrito’, ‘Las obreras’, ‘Así como hoy matan negros’ o ‘Plegaria a un labrador’, siguen escuchándose aun cuando la idea de una revolución y un estado socialista sea una utopía casi anacrónica. Pero el ánimo de cambio social y equidad perdura en millones de personas en todo el planeta, está vigente aunque los caminos propicios sean motivo de hondos debates.

Este miércoles la condena en primera instancia a 8 militares por el asesinato de Víctor Jara y de encubrimiento contra otro uniformado, llegaron, aunque muy tarde.

Michelle Bachelet, ex presidenta también torturada, comentó que se trata de la verdad, justicia y reparación. Al músico y creador le trituraron los dedos y días más tarde le descargaron 44 balazos.

El respeto a los derechos humanos que violentaron las dictaduras militares del Cono Sur, o aquella violencia contra los ciudadanos, la represión y la muerte que hoy propician los populismos con discursos de izquierda del Siglo XXI como Venezuela y su reguero de sangre, o los 300 muertos del Comandante Daniel Ortega, nos enseñan que la defensa de la vida y los derechos no es tema ideológico ni de la postura política legítima que se profese. Las víctimas y sus familias no exhiben el carnet al llorar a sus muertos y reclamar por sus desaparecidos.

En un país como Ecuador, donde la represión contra los opositores, líderes sociales y la persecución y hostigamiento a contradictores, aun cuando sea mediante los insultos sabatinos y los trolls ‘guerreros digitales’ de la calumnia y la infamia, situaciones como estas no deben quedar impunes. Por eso es importante que las manos del poder no estén metidas en la justicia.

Los delitos contra la libertad o la vida y aquellos de lesa humanidad, deben ser investigados y perseguidos sin venganza, pero sí con justicia. ¡Prohibido olvidar!