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Martes 09 de abril 2019

Auténtica fiesta del español, celebración de la unidad de nuestra lengua; fiesta de la ciudad de Córdoba, en la inmensa y hermosa Argentina. Córdoba, que desde hacía tiempo se preparaba para el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española, se volcó doblemente en su realización, tras los siete congresos precedentes: el primero en 1997, en Zacatecas, México; los de Valladolid y Rosario, el IV, en Cartagena de Indias, cuando se celebraron los ochenta años de vida de Gabriel García Márquez y los cuarenta de ‘Cien años de soledad’; los de Valparaíso y Ciudad de Panamá, hasta el de San Juan de Puerto Rico, en 2016, fueron huéspedes (que significa también ‘anfitriones’; aunque ‘huésped’ se emplee menos en este sentido, es útil recordarlo) de académicos, escritores, estudiosos y expertos en temas relativos a nuestra lengua.

Este VIII Congreso, organizado por la Real Academia Española, el Instituto Cervantes y la Asociación de Academias de la Lengua, en colaboración con el Gobierno argentino, desplegó entre el 27 y el 30 de marzo, en promedio, no menos de diez actos por día, todos de gran nivel: sesiones plenarias y paneles con llenos completos y largas colas de espera para escuchar, reflexionar, vivir la cultura del español en torno al sugerente tema “América y el futuro del español. Cultura y educación, tecnología y emprendimiento”.

Entonces experimentamos la emoción, sí, la emoción inteligente de todo un pueblo por la cultura, el arte, la belleza. Hombres y mujeres jóvenes, maduros, ‘grandes’ (así se llama, y no por ‘corrección política’, a la gente mayor en Argentina) todos vivimos el congreso como la concreción, en temas y tratamientos, de mucho de lo que la inteligencia y el corazón humano requieren para sentirse existir a través de la lengua.

Lo inauguraron el rey y la reina de España, el presidente de Argentina y la primera dama. Felipe VI habló: “Estos congresos, (…) están abiertos de par en par a toda la sociedad. El programa de esta edición es una muestra clara de ese espíritu inclusivo e integrador al proyectarse, con amplitud y generosidad, hacia campos tan vastos como la cultura, la educación, la tecnología y el emprendimiento, contemplados con mirada de futuro. El porvenir del español es un compromiso de todos”...

Y el escritor Santiago Kobladoff: ‘Los americanos, sin duda muy posteriores a España como expresión de estados independientes, no seremos nunca sucesores suyos sino sus contemporáneos en el orden decisivo del aliento espiritual y la pujanza creadora. Vinimos después para coexistir con ella en un ahora constante, en un hoy simultáneo al que también aportamos lo que fuimos y seguimos siendo, aun antes de que ella y nosotros nos encontráramos como naciones igualmente libres. Ese patrimonio común al que me refiero revela lo que tiene de sustancioso mediante las diferencias que nos distinguen, y no pese a ellas. Martin Heidegger dice bien cuando asegura que ‘las diferencias son la garantía del parentesco de lo mismo’ ’.