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Martes 04 de diciembre 2018

Nuestra PUCE se luce, (la rima es pobre…, pero se luce)… El Catálogo 2017 de su Centro de Publicaciones, en este país nuestro en el que, según estadísticas del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina (CERLALC), apenas se lee medio libro por año, incluye textos de Administración, Arquitectura y Artes, Derecho, Economía, Educación, Ensayos literarios, Filosofía y Pensamiento Contemporáneo, Historia y Ciencias Sociales, Iglesia, Lenguas y Literatura (obra extensa, valiosa y variada), Medicina y Ciencias Biológicas, Psicología, y revistas especializadas… Incluye también títulos de libros por publicarse durante 2017, de los que todos fueron publicados y se hallan a la venta en el Centro de Publicaciones, eficazmente dirigido por el poeta Santiago Vizcaíno. Se lucen numerosas y pequeñas editoriales nuevas, pero se han ido del país casas internacionales: el emporio Penguin Random House compró algunas, dedujo que le iría mejor en Colombia y se despachó allá con hatos y garabatos.

¿Qué pasa con el tan querido y tan nuestro Fondo de Cultura Económica? Taibo II, ¿ya actual presidente?, habla de corrupción… En fin.La lectura de libros valiosos, bien escritos y profundos de contenido es, en todas partes, excepcional; los lectores genuinos son minoría, pero duele pasar de esta constatación al citado resultado estadístico sobre la lectura patria.

Nuestra literatura actual cuenta con excelentes escritores conocidos o por conocerse aún, pero sufre la falta de lectores debido, además, a la pésima distribución de los libros y, todo hay que decirlo, a la indiferencia de tantas librerías, que venden el libro ecuatoriano como un lento ‘favor’ a su escritor: piden, en el mejor de los casos, de cinco en cinco ejemplares, o los arruman en algún estante, en detrimento de su difusión. Si esto sucede con ensayo, cuento y novela, ¿qué decir de la poesía, capítulo que clama al cielo?: el Ecuador ha contado y cuenta con poetas equiparables a Vallejo, a Neruda, a Paz, pero la poesía, el mayor y más meritorio ejercicio de la palabra, que enriquece desde muy temprano nuestro talento y nuestra sensibilidad, apenas existe para lectores ecuatorianos y quizá, para nuestra desdicha, el medio libro quede en media página, al aplicar la estadística a los lectores de poesía.

Gran parte de esta desdicha se debe a nuestra deficiente educación; los niños no leen porque no ven leer a sus padres ¡ni a sus maestros! ¿Qué es una educación que no forma lectores, que no exige la lectura ni el razonamiento que ella, a su vez, reclama, ni la concentración que favorece? ¿De dónde surgirán nuestros ‘políticos’ si la mayoría de ellos son hoy, en la práctica, analfabetos en busca de poder? Una vez en él, ¿cuánto y cómo se preocuparán por difundir el libro, por la existencia de bibliotecas, por que las campañas de lectura no sean espejos en los que se contemplan –y autopublican y autopublicitan- los mismos que las ‘inventan’ exhiben y explotan? Seguiremos…