Arturo Moscoso Moreno

¿Golpe de Estado?

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Viernes 03 de mayo 2019

La Asamblea de Venezuela, considerando que Nicolás Maduro usurpó el cargo de Presidente de Venezuela mediante un proceso electoral fraudulento que no ha sido reconocido por la mayoría de países latinoamericanos, los EE.UU. y la Unión Europea, nombró, a principios de este año, a Juan Guaidó como presidente interino al amparo de lo previsto en la Constitución venezolana que determina que, en caso de ausencia absoluta del jefe de Estado, el presidente de la Asamblea debe ocupar de forma temporal el cargo y convocar a elecciones.

Al asumir el cargo, Guaidó denunció a Maduro como un usurpador e hizo un llamado al Ejército, al pueblo de Venezuela y a la comunidad internacional a unir esfuerzos para sacarlo del poder. La madrugada del 30 de abril, acompañado de varios militares y desde las afueras de la base militar La Carlota, llamó nuevamente a las Fuerzas Armadas a poner fin al régimen de Maduro, haciendo énfasis en que su llamado está apegado a la Constitución. ¿Es esto un intento de golpe de Estado?

De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española, golpe de Estado es una “actuación violenta y rápida, generalmente por fuerzas militares o rebeldes, por la que un grupo determinado se apodera o intenta apoderarse de los resortes del gobierno de un Estado, desplazando a las autoridades existentes”. Si dicha actuación no triunfa, estamos ante un intento de golpe de Estado, pero ¿todos los golpes de Estado pretenden un rompimiento democrático?

Para Powell y Thyne (2001), es probable que los golpes de Estado desbaraten el proceso de democratización y/o consolidación democrática, pero también pueden tener el efecto opuesto de remover del poder a líderes autoritarios. De acuerdo con Varol (2012), cuando esto sucede los golpes de Estado son democráticos porque responden a un levantamiento popular contra un régimen autoritario o totalitario con la pretensión de derrocarlo con el fin limitado de celebrar elecciones libres, justas y competitivas de líderes civiles.

La visión convencional, dice Varol, concibe a todos los golpes como amenazas a la democracia y a la estabilidad, pero antes de calificarlos de esa forma se debería evaluar su conveniencia, tomando en cuenta cuando producen regímenes democráticos, como en el caso de Turquía en 1960, Portugal en 1974 o Egipto en 2011 durante la Primavera Árabe, proceso que justamente dio paso al surgimiento de este concepto.

Así, no se puede justificar un golpe en contra de un líder democráticamente elegido, pero si lo que se pretende es sacar del poder a un gobernante que ha subvertido las instituciones democráticas y ha utilizado las elecciones para perennizarse en el poder, como en el caso de Venezuela, estamos sí, frente a un intento de golpe de estado, pero democrático.