Dimitri Barreto P.

Niña, madre y secuestrada en el aula de clases

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Jueves 05 de julio 2018

La protección a la niñez también debiera pasar por los atriles. Un Secretario de Estado, con urgencia por desenchufar vínculo entre grupos armados de Colombia y el secuestro de una niña de 12 años en Cascales, Sucumbíos, ha inculpado por la desaparición de la pequeña a un hombre que la dobla en edad y ha asegurado que, si bien es un delito, sería un ‘hecho de orden familiar’, porque aquel es su ‘pareja’ y ‘padre’ del nonato que ella lleva en el vientre.

No; no por intentar sembrar tranquilidad en la sociedad frente a la atrocidad del terrorismo, se puede abordar como asunto ‘familiar’ el abuso sexual a los niños. Un hombre de 23 años que deja embarazada a una niña de 12 no es su ‘pareja’. Una relación tal entre adulto y niño constituye abuso sexual, inclusive cuando se aduce “consentimiento”. ¿Abuso sexual? ¿Aún si un niño lo consiente?

Sí. Abuso sexual señores. Los niños y niñas son vulnerables siempre, porque se encuentran en proceso de formación, sin un desarrollo emocional y cognitivo. Aún en el curso de cambios físicos y emocionales, siempre entre el adulto y el niño existe una relación de poder. Siempre uno ostenta una posición dominante (autoridad y coerción) y otro una de dependencia (niño). Siempre.

Irrumpir con pasamontañas en una escuela para secuestrar a una niña de 12 años embarazada, frente a sus compañeros de clase, tampoco es un hecho de ‘orden familiar’. El secuestro es grave, socava derechos individuales y amenaza la vida de las víctimas. Por cierto, ¿a qué se dedica el hombre de 23 años?

La Convención Sobre los Derechos del Niño exige a los Estados tomar las medidas necesarias para “impedir el secuestro, la venta o la trata de niños”. ¿Qué hace Ecuador para al menos garantizar el retorno de la niña?

Abordar lo ocurrido en Cascales como asunto casero de dos exconvivientes (él de 23 años, ella de 12) es no tomar en serio la violencia en zonas sin Estado como la frontera; es pararse frente al espejo de la cultura patriarcal, en un país donde cada año 2 000 niñas de 11 a 14 años se convierten en madres.