Alfredo Negrete

Un “Marshall” para Quito

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Jueves 18 de abril 2019

Ante el avance del Ejército Rojo y la veloz estrategia de Stalin era indispensable una reacción aliada. Se planificó una reconstrucción económica y social conocida como el Plan Marshall. El consiguiente efecto político fue la detención histórica del avance, incluso electoral, de los partidos comunistas en la Europa occidental de la post guerra. Algo similar se requiere en Quito para que múltiples sectores que añoran el liderazgo político de la capital - ahora sin diferencias ideológicas o políticas; mucho menos racistas o de linaje- logren una concertación política, pues es muy difícil que prosperen las opciones populistas (solo yo) en el ecosistema de los Andes.

Quito es la capital de la república y por ende el centro del poder, sin que esto implique olvidar o regresar al pasado de políticas centralistas y regionalistas, de sesgos excluyentes para otras comunidades o geografías. Las últimas elecciones en la capital tuvieron de todo menos de sorpresa. La fragmentación y la división tiene hijos conocidos y la ciudad no esperó tantos para la mayoría de edad el 24 de marzo.

Sin embargo, en ese mismo entorno metropolitano, se realizarán la elecciones presidenciales y legislativas en el 2021. La disyuntiva, por tanto, es repetir la colcha de retazos de la última contienda o intentar una salida diferente. La dispersión del voto ciudadano y los márgenes estrechos de los elegidos permiten concluir que se requiere de otro panorama y otras miras; en primer lugar, superar un engreimiento excluyente en muchos sectores que olvidan que la capital tuvo exitosas administraciones municipales y que de sus filas salieron ciudadanos que luego honraron el mandato nacional. Un recordado alcalde quiteño en la conducción de la república unió al pueblo en una sola voz “Ni un paso atrás…”

Otro, el del naufragio terrible del barco que comandaba con extraviada persistencia, logró el hito final de una centenaria contienda con la suscripción del Acta de Brasilia; además, casa adentro, antes de sumergirse firmó la dolarización y evitó las devaluaciones que hoy castigan cruelmente a los habitantes de los llanos y el Orinoco. En estas condiciones, hay que tener fe en que existan sectores de banderas diferentes que puedan sentarse públicamente; dialogar sin alzar la voz ni el puño y concluir en un programa dirigido a los próximos años. Para tal efecto, es indispensable la dirección de un cuerpo colectivo; basta de Napoleones o Césares.

Es una vieja lección del PRI mexicano: el “tapado” nunca por encima del partido; de lo contrario, regresan los “Pancho Villa y los Zapatas”. La costa ya tiene dos candidatos y el escenario da para tres. Quito político puede apostar al tercero con una fuerza coaligada de diversos caudales y riachuelos después de la corrida del 24 de marzo. Puede alcanzar una importante posición legislativa y, si los electores lo deciden, ser el fiel de la balanza en el caso de un “ballotage “.