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La ONU en su laberinto

El 23 de septiembre, el presidente Obama informó que, con el apoyo de Saudi Arabia, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Bahrain, Katar y varios países europeos, se había constituido una coalición internacional para luchar contra el estado islámico (EI), cuyas fuerzas han esparcido el terror en el Cercano y Medio Oriente. Poco después se llevaron a cabo varios ataques a los reductos militares y fuentes de financiamiento del EI.

La actual Asamblea General de la ONU es el escenario en el que los países miembros exponen sus puntos de vista al respecto. El Consejo de Seguridad, en una reunión a nivel de jefes de Estado, aprobó por unanimidad una resolución vinculante de condena al terrorismo, que exige a todos los países tomar medidas para impedir a sus ciudadanos incorporarse a las filas del fanatismo islámico.

Hace un año, un ambiente de moderado optimismo caracterizó a los trabajos de la Asamblea General de la ONU. Hoy las rivalidades religiosas y políticas en el Medio Oriente, sumadas a otras crisis en Europa, Asia y África, han ensombrecido al mundo. Ayer se especulaba sobre la construcción solidaria de una paz duradera. Ahora, el planeta está en llamas y Obama, cuya inercia era duramente criticada, ha resuelto actuar y liderar una coalición de lucha contra el terror. Los críticos de ayer aplauden ahora su decisión de atacar al EI no solo en Iraq, sino también Siria, con la complacencia disimulada de Asaad.

Cualquier análisis que se haga de la situación no puede ocultar una dramática realidad: los peligros actuales y potenciales de las actividades terroristas escondidas bajo interpretaciones religiosas fanáticas que quieren retrotraernos hacia los sombríos tiempos de la intolerancia y la crueldad de épocas medievales.

En este sentido, Obama tiene razón cuando afirma que la lucha no es de Estados Unidos contra el EI sino de toda la humanidad contra el reino del terror. Ya ha tenido un primer éxito al lograr la participación de cinco Estados árabes de filiación sunita, dispuestos a luchar contra el extremismo de otros sunitas. La crisis ha puesto en evidencia, además, que en momentos de caos, la ONU es el ámbito adecuado para las conversaciones y debates y que la consciencia universal tiende a dirigirse hacia los Estados Unidos cuando pregunta ¿quién podrá ahora actuar?

Mientras el mundo entero rechaza el terrorismo del estado islámico, el solitario Canciller ecuatoriano ha hecho pública una condena a la “ofensiva estadounidense al territorio sirio que constituye una violación a la soberanía del Estado sirio y una amenaza a su integridad territorial”, sin percatarse siquiera de que el más agradecido por tales acciones de la coalición pudiera ser el tirano Asaad, asediado por el EI. ¡Son aberrantes los extremos a los que conducen los fanatismos ideológicos!

jayala@elcomercio.org