Washington Herrera

Contaminación irresponsable

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Cuidar la salud es la primera obligación del Estado. Nada es tan importante. Si el Estado no puede entregar combustibles buenos es mejor que decida su libre importación en aras de no afectar más a la salud de millones de ecuatorianos. Nuestro país, mentalmente subdesarrollado, mas bien disminuyó hace 4 años el octanaje de la gasolina extra de 87 octanos a 85 y el de la súper de 92 a 90, cuando lo deseable es por lo menos 95 octanos. Por esto los pobladores seguimos respirando humo venenoso, pagando más por los mismos combustibles malos.

El smog crea una barrera nociva, irritante y tóxica, afecta a los ojos y al aparato respiratorio, especialmente a los niños y ancianos. Empeora a las personas que tienen asma, enfisema, afecciones cardiovasculares, bronquitis o alergias, particularmente en las grandes urbes, en donde la densidad de buses y carros es alta. No se ha hecho una investigación para tener conciencia de la magnitud de este daño a la salud de muchísimas personas ni de lo que el Estado y la gente podrían dejar de gastar en atender a este tipo de enfermedades si mejoramos la calidad del aire en el Ecuador urbano. ¿Los ministerios de ambiente y de salud han hecho algo al respecto? Nada.

Más bien continuaremos subsidiando al diesel contaminante, que se contrabandea en alta mar.

Si admitimos combustibles de tan baja calidad no podemos exigir el cumplimiento de las normas internacionales respecto a las emisiones de los automotores. Uno de los parámetros de medida es el Euro 3 que teóricamente debería cumplirse en el Ecuador y que señala un límite de emisiones que rigió en Europa en el año 2 000, pero debido a que los combustibles que usamos son malos no hay compatibilidad técnica para aplicar esta norma que incluso ya ha sido superada en el mundo, pues ahora rige el Euro 6 que prevé índices menores de contaminación y que los buses y carros que circulan en los países más conscientes ya están cumpliendo.

Si liberamos las importaciones de combustibles compatibles con la norma Euro 5 o 6 podríamos exigir que los buses y demás vehículos solo se importen si cumplen estas normas y así disminuiríamos la intensidad de las enfermedades y gastaremos menos en tratamientos curativos.

De otro lado, a partir de 2 025 habrá producción generalizada de automotores eléctricos, una vez superada la capacidad de competencia con los de combustión, objetivo al que ya se han comprometido casi todos los fabricantes del mundo liderados por la industria china, en cuyo caso disminuiría el smog, habrá menos refinerías y bajará el precio del petróleo. Hasta tanto deberíamos estimular que los buses urbanos sean eléctricos en su totalidad en las urbes ecuatorianas y prepararnos para cambiar rápidamente los demás automotores, porque al fin del día los carros eléctricos van a imponerse en el mundo y nosotros tenemos capacidad de generación de energía que hoy está subutilizada.