Bernardo Acosta

Sin nombre

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
Martes 18 de octubre 2011
18 de October de 2011 00:01

El idioma español aún no ha creado un nombre para calificar a la política exterior del Ecuador.

La aseveración del canciller Patiño, ante miles de personas en Madrid, de que “el Gobierno ve como una agresión sin nombre que un banco ecuatoriano venga a salvar a la banca española” y su sugerencia de que ese banco pretende abusar a los emigrantes ecuatorianos cobrando en el Ecuador sus deudas contraídas en España ponen a temblar a nuestro pobre lenguaje.

La sola idea de que la compra de cartera por 3,2 millones de euros vaya a salvar a un banco español trae a la memoria a aquella miss que dijo que Confucio inventó la confusión. Es que la ignorancia detrás de semejante anuncio produce una vergüenza ajena que no tiene nombre cuando uno revisa los montos que se destinan para asistir a los bancos en problemas. 3,2 millones de euros no son ni la propina que el Presidente dejaría si se gastara lo que posiblemente le saque a El Universo.

Por su parte, la advertencia de que “tengan la seguridad que vamos a tomar las medidas para que a ese banco ni se le ocurra ir a cobrarles a ustedes ni a sus familiares en Ecuador por una deuda que tienen en España” refleja un nivel de desconocimiento y constituye una difamación que tampoco tienen nombre. Dado que una deuda contraída en España sólo puede cobrarse al responsable en España, ¿qué pruebas tiene el Ministro de Relaciones Exteriores para insinuar que el banco ilegalmente cobraría a los ecuatorianos residentes en el Ecuador lo que sus parientes podrían no pagar en España?

La oferta de Patiño de investigar la posibilidad de que el banco haga lo que él dijo que haría, después de haber lanzado la acusación, también pone en aprietos al lenguaje. ¿Cómo calificar eso? Quizá sea, por decir lo menos, contradictorio que un funcionario de un gobierno intransigente con cualquier cosa que se parezca a una afirmación sin pruebas haga exactamente lo mismo.

Pero supongamos que lo dicho por el Canciller en Madrid es veraz, justo y ético. Una pregunta: ¿por qué no hizo lo que todo infante aprende: que la ropa sucia se lava en casa? Claro, si al notición divulgado por un niño en una fiesta de que su mami se acuesta con el jardinero se suma que eso ni siquiera es cierto, es comprensible que el pobre lenguaje patalee.

Para rematar el desafío al español, el Vicecanciller amenazó con salirnos de la CAN, con lo cual contradijo el mandato presidencial de priorizar la integración regional.

Quizá resulte difícil entender a la política exterior del Ecuador porque los responsables hacen todo menos política exterior. Tal vez sea imposible calificar a nuestra diplomacia porque aún no existe una palabra que por sí sola signifique ignorancia, vergüenza ajena, difamación, acusación sin pruebas e incoherencia.