Luis Herrería Bonnet

El Nobel de Correa

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Viernes 14 de octubre 2011
14 de October de 2011 00:02

Nadie deberá confundir que el título de esta columna se refiera a que el presidente del Ecuador, Rafael Correa, sea novel, porque ello sería calificarlo de principiante o sin experiencia en las cosas, y es de conocimiento público que el actual Mandatario, luego de cuatro años y nueve meses en el poder, ha logrado superar con creces en los aspectos más candentes a la “partidocracia”; tanto así que los episodios de ese pasado resultan de nimia trascendencia frente a las gigantescas ocurrencias que se desataron a partir del 15 de enero del 2007, ya que desde esa fecha tan solo presenciamos los “milagros” que ha logrado la “revolución ciudadana”, mediante procedimientos excepcionales que dejarían pasmados a los hechiceros más contumaces.

Nos referimos exactamente al Nobel de Economía, que la Real Academia Sueca de Ciencias no otorgó en el presente año a quien realmente se lo merecía, por ser el redentor que obsequia bonos de pobreza para que los ciudadanos no dependan de las burguesas remuneraciones laborales; el paladín del cambio de nivel de vida para quienes se han sacrificado desde los más altos cargos gubernamentales; el que imprimió un rumbo distinto a una institucionalidad estigmatizada por corrupta y reemplazada por otra de confianza del Mesías ecuatoriano.

Ya en el plano internacional, tiene la inigualada visión macroeconómica de haber aconsejado al Primer Ministro de Grecia, Papandreou, en una reunión en Madrid en mayo del 2010, hace un año y cinco meses, cuando el griego requirió de su criterio sobre la crisis que viene azotando a la cuna de la democracia y cuyo desastre acarrearía un efecto dominó en otros de los 27 miembros de la Unión Europea, que simplemente “dejara de pagar la deuda”.

Es así que surgiría la exclamación ¡Cuánta mediocridad, cuánta miseria humana! Porque al no reconocer la Academia Sueca el consejo desinteresado y de tanta cordura de un profesional con estudios en universidades elitistas de Bélgica y Estados Unidos, que podría haber evitado tantas agobiantes reuniones internacionales, tantos ajetreos de los jefes de Estado de los países más industrializados del planeta, tantos desequilibrios políticos hasta en parajes ignotos, equi-valdría no solo desconocer las fantásticas lucubraciones de este impresionante Mandatario ecuatoriano, sino que talvez develaría sentimientos en su contra que fueron motivo de zaherimiento hace casi un siglo por el argentino José Ingenieros, cultivador de estudios psiquiátricos, reflejados en su obra ‘El hombre mediocre’, en donde con profundidad académica analiza sentimientos como la envidia, la maledicencia, la hipocresía, propios de espíritus mezquinos que no pueden resistir las teorías de un grandilocuente y nunca bien comprendido innovador.