Sebastián Hurtado

No-mercado

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
Martes 17 de enero 2012
17 de January de 2012 00:02

El despegue de la globalización en los años 90, en el Ecuador coincidió un largo período de inestabilidad política y económica en el que siete regímenes se sucedieron hasta el año 2007. En medio del caos y los constantes cambios de gobiernos y políticas, el país no pudo definir su posición frente a la “opción moderna” que plantea el proceso globalizador, y que no distingue entre naciones capitalistas y socialistas o entre gobiernos de derecha o de izquierda, sino entre naciones “abiertas” o “cerradas”.

La Constitución de Montecristi en 2008 zanjó el debate, al establecer las instituciones políticas y económicas que están consolidando al Ecuador del siglo XXI como una nación “cerrada”.

Naciones cerradas son las que miran con recelo el proceso de globalización, se encuentran débilmente integradas con la economía mundial y ponen trabas a los flujos de productos, inversiones e ideas dentro y fuera de sus fronteras. Su estabilidad política está sustentada en gobiernos muy poderosos que usualmente están dirigidos por caudillos políticos o religiosos. No cuentan con instituciones independientes -públicas o privadas- que puedan ejercer un contrapeso al ejercicio de la autoridad, lo que facilita la proliferación de limitaciones formales e informales a las libertades económicas y políticas.

Las naciones “cerradas” plantean oportunidades y amenazas a las empresas. Puesto que, en general, no poseen economías de mercado, los factores competitivos que se encuentran “fuera del mercado” (o non-market en el lenguaje de negocios anglosajón) como los asuntos políticos, regulatorios, sociales, ambientales y la acción de grupos de presión, tienen una enorme influencia en las actividades empresariales. En las naciones “cerradas” muchas industrias son propiedad del Gobierno o están altamente -y discrecionalmente- reguladas por autoridades con poderes casi ilimitados, mientras las empresas difícilmente pueden recurrir a instituciones o cortes independientes para hacer prevalecer sus derechos.

En tales circunstancias, una estrategia empresarial resultará incompleta si no incorpora los factores competitivos que operan “fuera del mercado” y afectan a los negocios. Ello implica evaluar constantemente las circunstancias políticas generales y aquellas que rodean a la empresa y a sus actividades; entender la agenda gubernamental; identificar tanto los asuntos como los actores políticos y sociales relevantes y desarrollar una estrategia política y de relacionamiento con los distintos actores, que permita anticipar y limitar las amenazas o aprovechar las oportunidades que su accionar plantea a los negocios.

Los empresarios que no sintonicen con las realidades políticas que definen al Ecuador del siglo XXI y no aborden los condicionamientos “fuera del mercado” en sus estrategias, encontrarán cada día más difícil operar de manera rentable en este país.