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No hay que perder la esperanza

Una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre. Esta es una de las tantas frases sencillas pero muy significativas y profundas que pronunciara el papa Francisco y que recoge la exhortación apostólica 'Evangelii gaudium', libro difundido hace poco en el Ecuador.

Él plantea decirle no al pesimismo estéril y que el mal espíritu de la derrota es hermano de la tentación de separar antes de tiempo el trigo de la cizaña, producto de una desconfianza ansiosa y egocéntrica. La unidad prevalece sobre el conflicto, que hay que saber enfrentar, resolver y transformar en el eslabón del nuevo proceso. Saber escuchar, perdonar y procesar las demandas, provengan de donde provengan.

Por ello son felices los que trabajan por la paz y no instan a la confrontación, el odio, la división de clases, la persecución contra los que disienten y no comparten los mismos criterios a los que se les ubica como enemigos u opositores.

El Papa es partidario de desarrollar una comunión en las diferencias, que solo pueden facilitar esas grandes personas que se animan a ir más allá de la superficie conflictiva y miran a los demás en su dignidad más profunda. Construir la amistad social, la solidaridad entendida en su sentido más profundo. Decirle no a un dinero que gobierna en lugar de servir sinceramente, sin interés electoral ni para mantener el poder.

Se suele decir que la esperanza nunca muere y que no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista. Eso practicaron, no predicaron, grandes mujeres y hombres del planeta. Lucharon por la justicia social, la igualdad, el respeto a los demás, la plena vigencia de una auténtica democracia y no aquella que quiera imponer quien logre el beneficio del voto de un pueblo y adecúe el sistema a sus necesidades, comodidades y a momentos para ejercer una revancha social con corrupción, a la que tanto criticaron.

No solo hay que ir a los efectos sino a las causas del problema para establecer sus motivos y entre ellos se presentan los altos niveles de inequidad, la mayor acumulación de la riqueza en un reducido porcentaje de grupos o personas en contraste con la mayoría de pobres, aunque se haya reducido su nivel durante los últimos tiempos.

Sin embargo, la fórmula no puede ser expoliar a los que lograron riqueza en forma legítima (a los corruptos de antes y de hoy hay que identificarlos y perseguirlos, sin proteger a los últimos y hacer olvidar a la sociedad) sino impulsar de abajo hacia arriba para mejorar la situación de todos y con ello que la brecha se reduzca. Ser felices y productivos y no todos iguales en la pobreza (Cuba). Los mensajes del Papa son profundos y llaman a la reflexión para que se impregnen y contagien un cambio de actitud.