Patricio Quevedo

‘No hay mal que dure...’

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
Miércoles 26 de octubre 2011
26 de October de 2011 00:00

Con cierta dosis de superficialidad, al ver el cuerpo ensangrentado del tirano Gadafi, de Libia, exhibido por los noticieros de la TV, el jueves de la semana anterior, lo primero que a uno se le viene a la memoria es aquel sabio refrán que garantiza: “No hay mal que dure cien años… ni cuerpo (social) que lo resista”, puesto que el dictador norteafricano oprimió a su pueblo durante 42 años.

Y pese a tan desmesurado período, hay que aclarar cómo no fue el campeón mundial de la permanencia y el disfrute del mando, aunque por cierto estuvo bastante cerca del primer sitio en el tenebroso ‘ranking’ de las tiranías.

Sin embargo, es claro que no puede reducirse tan simplistamente el análisis del macabro episodio, ni tampoco la reflexión sobre las enseñanzas que guarda para aquellos que se aferran con desesperación al mando y cifran su máximo anhelo en durar el más desorbitado lapso que sea posible.

En efecto, de las primeras crónicas difundidas por las agencias internacionales de noticias, aparece que como por ensalmo se evaporaron las palabras desafiantes, los gestos de supuesta valentía, la petulancia en definitiva, que distingue a los gobernantes del estilo descrito, cuando llega la hora de la verdad. Así el tirano libio no encontró mejor solución que refugiarse en una alcantarilla, un agujero, con la esperanza de salvar la vida, cuando afloraron el miedo y se enseñoreó el instinto de conservación, sobre cualquiera otra consideración.

También naturalmente, se esfumó toda la corte de los áulicos y los esbirros que acompañan al poder, no obstante las zalamerías que habían adornado sus promesas de guardar lealtad a Gadafi hasta el límite de la propia muerte.

De modo que todos aquellos pretendientes a convertirse en mandatarios vitalicios –como los hay en todas las latitudes del Planeta– bueno será que se curen en salud al mirar estos macabros ejemplos y que moderen sus planes, por el interés de su propia seguridad, antes de que los pueblos se cansen de la pura pirotecnia verbal; se desengañen de las promesas incumplidas y estallen con furor y por los múltiples vericuetos de la anarquía.

Claro que en el trágico evento de Libia ni siquiera hay la esperanza de una pronta y aceptable solución. Pese a que las víctimas directas de la guerra civil se calcula en unas 35 mil, y que ha habido bombardeos de hospitales, daño de las comunicaciones y pérdidas gravísimas de la endeble infraestructura, se torna difícil levantar un esquema propio de la democracia liberal, con respeto a los derechos humanos y división de poderes, pues esa nación pertenece al mundo islámico y no al occidental donde tienen sentido los valores antedichos.

A propósito y por coincidencia, ese mismo jueves una encuestadora informó que hay un 33% de voto ‘duro’ correísta, otro 33% duro de anticorreísmo y un 33% que flota, dato más revelador de lo que se creería a primera vista.