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Miércoles 14 de agosto 2019

Cuando la fruta está madura, se cae del árbol. Es la ley de la naturaleza. Pero este otro Maduro, el que tiene a Venezuela en la más oprobiosa miseria y a los venezolanos con falta de alimentos, medicinas, servicios básicos y hasta gasolina, en el país con las mayores reservas de crudo, no solamente que no cae, sino que se aferra como sanguijuela al goce del poder.

Ahora va a dar el zarpazo a la última institución de la democracia que subsiste en la patria de Bolívar: la Asamblea Nacional Legislativa -que en las única elecciones más o menos libres quedó en manos de la oposición – para deshacerse del último escollo para ejercer el control total. Es ciego quien no quiera ver que los partidos de extrema izquierda llegan al poder por el voto popular, pero que una vez que lo logran, no lo sueltan de ninguna manera. Ya se inventarán constituciones ad-hoc y reelecciones indefinidas o se convertirán en dictaduras abiertas, pero no declinarán el poder por ninguna circunstancia.

En el gobierno de Venezuela coinciden narcotraficantes, ex guerrilleros, paramilitares, contrabandistas, y más pelajes de la misma condición, que han convertido a ese gran país en el paria del continente, que ha expulsado a más de cinco millones de ciudadanos que no han podido resistir la miseria, la inseguridad y el atropello a los derechos humanos por el gobierno de Maduro. Lleva 20 años el desgobierno de Chávez- Maduro asolando esa nación. Y cada vez que algún incauto trata de mediar para lograr un acuerdo entre la crápula gobernante y la desunida oposición – que sería el mejor camino para superar el actual estado- Maduro y su banda, por cierto, con la dirección de Cuba, dejan colgados a los negociadores que, en la más aguda candidez, creyeron que es posible lograr acuerdos con el lumpen de la sociedad.

El presidente interino Juan Guaidó, que ha recibido el reconocimiento de más de 50 gobiernos del mundo -incluyendo el de Ecuador – ha entrado en una suerte de “amorcillamiento” al no lograr imponerse sobre la camarilla gobernante. Desde luego, no es tarea fácil. Maduro controla las FF.AA. y las milicias. A las primeras, llenando a su cúpula de ventajas y privilegios, y permitiendo toda clase de negociados y desafueros. La misma política de la dictadura castrista en Cuba. Y a las milicias, entregándoles armas y municiones para sembrar el terror entre la población.

El descarnado informe de las Naciones Unidas sobre el atropello a los derechos humanos en Venezuela, suscrito por la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet, en su momento ferviente admiradora de Chávez, Morales, Ortega y Correa, ha eliminado toda duda sobre la real situación política y económica en ese país. Y un nuevo intento de mediación por parte de Noruega, también ha fracasado por la avilantez del gobierno de Maduro. ¿Hasta cuándo?