Enrique Echeverría

Ni cólera ni odio

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Lunes 09 de enero 2012
9 de January de 2012 00:01

‘Con una condición: que no se hable de política”. Este pedido y su aceptación en el ambiente familiar fueron bastante utilizados en las reuniones de Navidad y Año Nuevo, cuando los parientes se congregan para expresar sentimientos positivos, pues la reunión puede deteriorarse y hasta fracasar si comienzan por discutir sobre aspectos políticos. En el núcleo familiar, hay varias tendencias.

Este pedido debe extenderse a todos los habitantes del Ecuador, ya que en este año habrá campaña electoral importante. Que tengan cuidado en la expresión de sentimientos, porque si aparecen la cólera y el odio podría ser año penoso antes que cívico.

Quien se deja ganar por la pasión del odio siente repulsión del contrario. Si hay amistad, se produce alejamiento. Impulsada por la cólera, avanza espontáneamente a la agresión personal. Esta pasión tiene en cuenta el reconocimiento de ciertas cualidades de la persona odiada. Entre odiado y odiador hay cierta equivalencia de poder. Nos enseñaron en la Universidad Central, cuando nuestro maestro de Psicología Jurídica Dr. Jorge Escudero Moscoso, impartía clase sobre esta pasión. Expreso: la vida del que odia discurre paralelamente a la del odiado, unida a esta por un misterioso lazo. Si por una parte, a veces el odiador afirma que no quiere saber nada acerca de su rival, de otra le sigue y atisba hasta en sus menores actos, colocándose siempre frente a frente de él, pero sin transponer la distancia que le separa, hasta tanto el estado de odio no se transforme en algún otro como la venganza.

En nuestro Ecuador hemos avanzado bastante en el propósito de controlar las acciones provenientes de odio. El 24 de marzo del 2009 en el Código Penal se incluyó bajo el título “De los delitos de odio”, esta norma: “Será sancionado con prisión de seis meses a tres años el que públicamente o mediante cualquier medio apto para su difusión pública incitare al odio, al desprecio, o a cualquier forma de violencia moral o física contra una o más personas en razón del color de su piel, su raza, sexo, religión, origen nacional o étnico, orientación sexual o identidad sexual, edad, estado civil o discapacidad”.

Si del acto de violencia resultare herida una persona, el autor será sancionado con prisión de 2 a 5 años; y si produjere la muerte, la sanción es reclusión de 12 a 16 años.

Las campañas electorales impulsan sentimientos y pasiones, a veces extremas, favorables para el candidato, pero también actitudes negativas y peligrosas contra partidarios del oponente, en particular si esta mala pasión es impulsada por el candidato presidencial. Hoy, con toda la experiencia acumulada, los partidarios deberían observar respeto a la integridad moral y física del contendor. Que la campaña no acarree listas de muertos, heridos o lesionados. Que todo sea en paz.