Jorge Salvador Lara

‘La muerte del Cóndor’

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Lunes 09 de enero 2012
9 de January de 2012 00:02

Así denominó Vargas Vila, afamado escritor colombiano, su fulgurante ensayo para rescatar la figura del General Eloy Alfaro, luego de su inmolación. Los espeluznantes acontecimientos de enero de 1912 están, sin duda, entre las páginas más sórdidas y siniestras de la historia, cuya rememoración aún hoy causa estremecimientos y horror. Todavía no ha sido explicado suficientemente, a pesar del tiempo transcurrido, el asesinato del Viejo Luchador y sus tenientes. Mezcla de tragedia griega, círculo dantesco y episodio apocalíptico, la victimación de líderes radicales de la Revolución Liberal y el arrastre e incineración fueron, culminación de antiguos procesos difíciles y punto de partida de otros, todos de complicada urdimbre.

Los hechos causaron espanto en todo el mundo. Los intentos de explicación y análisis comenzaron enseguida, continúan y proseguirán. Si demolición, para algunos, de un ídolo con pies de barro, para otros fue renacimiento de un mito surgido ya en vida del propio caudillo que, con altibajos, creció incluso bajo nuevos auspicios ideológicos. ¿Cuáles fueron las causas de aquel drama sangriento que avergüenza nuestra historia por la ferocidad y sevicia con que se prepararon y llevaron a cabo? ¡Castigo del cielo para sancionar crímenes morales y políticos ejecutados durante más de tres lustros bajo las banderas del alfarismo, dijeron no pocas voces! ¡Desquite de las masas conservadoras, se añadió, como venganza por la erradicación violenta de aquella bandería por el liberalismo triunfante! ¡Maniobras de la Iglesia expresaron otros en represalia por las leyes de laicismo del Estado y la enseñanza; confiscación de bienes curiales; matrimonio civil y divorcio; persecución de prelados, clérigos y órdenes religiosas! ¡Explosión de los familiares de las víctimas de tantos flagelamientos, torturas, confinios y destierros, asesinatos y ejecuciones, inclusive de los familiares inmediatos de los caídos en las sangrientas batallas de Huigra, Naranjito y Yaguachi, dictaminaron unos cuantos!

Muchos explicaron el 28 de enero como retaliación de los propios conmilitones liberales de Alfaro, en quien veían un obstáculo para la ascensión al poder de sus epígonos, los generales Plaza y Andrade! ¡Ingratitud para con el viejo caudillo, uno de los grandes constructores de la Patria, lamentaron ‘sotto voce’ sus partidarios! No faltaron quienes señalaron como causa de la masacre las directrices desembozadas de cierta prensa. Hasta hoy se repite que fue una conjuración de los miembros de la alta burguesía capitalista contra el líder capaz de continuar la revolución. ¡Decir ‘alianza de las viejas y las nuevas oligarquías’ se ha vuelto lugar común! Hasta se ha insinuado que las propias sociedades secretas subordinadas a Lima, habrían condenado a don Eloy por su aguerrida y patriótica acción en defensa del Ecuador en 1910.