Milagros Aguirre

Si muere, muere

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Jueves 18 de agosto 2011
18 de August de 2011 00:03

Dos historias desde las fronteras, como antídoto a la indiferencia:

1. Hace una semana le metieron una cuchillada a un amigo, tenía 24 años (el mismo día, a otro, lo abalearon). Murió malamente en el hospital de Coca. Nadie pudo operarle. No hay cirujano ni especialista en ese centro de salud. Nadie pudo salvarlo. Ni lo intentaron siquiera. No tuvo la suerte de que lo trasladen a Quito, a un hospital decente, como se suele hacer allí con los casos más graves. Acá se dice que quien entra a ese hospital sale con los pies por delante. Tampoco han podido dar con el paradero de quien le clavó la puñalada mortal y acabó con su vida. Seguro no lo harán nunca. No habrá investigación. Ni denuncia. Ni justicia alguna. No será ni el primer muerto, ni el último, así, con saña y violencia. Ni será la única víctima de la desatención hospitalaria. Acá hay vidas que parecen no importar a nadie. Si muere, muere… El luto por estas tierras es reemplazado por la indiferencia. Y el dolor, anestesiado con harta cerveza.

2. A los colonos y campesinos de la vía Auca les tienen en pindingas.

Un rumor ha ido creciendo como bola de nieve desde aquel 10 de agosto del 2009, cuando una familia murió clavada por lanzas en un camino vecinal, junto a una plataforma petrolera. Ellos creen que les van a desalojar pues sus tierras colindan con las de los pueblos aislados, en la frontera misma del famoso Yasuní.

Nadie lo ha desmentido. Nadie ha plantado cara al entuerto.

El rumor ha crecido hasta la total incertidumbre, el enojo, el miedo y la paranoia. Creen que les van a quitar sus tierras y sus fincas y nadie les ha dicho lo contrario. Han escuchado también, que entrará la compañía.

¿Salen los colonos y entran las petroleras?

Los campesinos no entienden tamaña incongruencia. Ellos están dispuestos a defender sus tierras. Y tienen razón suficiente para ello: sus títulos de propiedad.

Lo cierto, eso sí, es que nadie ha resuelto el tema de un mínimo protocolo que garantice la convivencia pacífica en esa frontera peligrosa (en donde se suman muertos con lanza al menos, desde el 2005), a pesar de que las instituciones, ministerios de Ambiente y Justicia se han gastado buen dinero en consultorías sobre el tema, a pesar de las leyes que protegen a unos y a otros, a pesar de las buenas intenciones de algunos funcionarios, a pesar de los planes y medidas cautelares, a pesar de las proclamas sobre derechos.

Por estos lares, en estas fronteras, en estos rincones lejanos del país, no bastan ni las palabras, ni las ofertas, ni las buenas intenciones.

La atención sanitaria sigue siendo pésima. La educación tampoco mejora. La justicia no existe. El desorden territorial prevalece. El Estado sigue ausente. Acá, en estas fronteras, impera la ley de la selva, la del más fuerte. Vive, el que vive. Y el que muere, muere.