Simón Espinosa Cordero

Mitómano

Rafael Correa gobernó durante diez años, cuatro meses y tres días. Fue elegido tres veces consecutivas en 2007, 2009 y 2013. En la primera ganó en la segunda vuelta; en las dos siguientes, en la primera vuelta. En sus mandatos rigieron dos Constituciones: la de 1998 con el Estado de Derecho: República y Democracia bajo el mando de la Ley, y la de 2008 con el Estado de Derechos traducidos en políticas públicas dictadas por el presidente. Asumió el poder bajo el manto de la de 1998; pero no juró por ella, sino anunció un referendo. Le bastó el mandato de una mayoría del pueblo que votó por Alianza PAIS: Alianza de Socialismo Frente Amplio de Izquierda y Acuerdo Programático con Partido Comunista del Ecuador. PAIS, patria altiva y solidaria. Perdió en la primera vuelta y ganó en la segunda con la suma del MPD, la ID, Pachakutik y el Partido Roldosista.

En 2008, una Constituyente redactó la Constitución Sumak Kawsay. El presidente la metió cual si fuese una horma chueca en el zapato ortopédico regalado por el Foro de Sao Paulo, que la moldeó a su placer. Y quedó lista para que el presidente convirtiera el estado de Derechos en políticas públicas con las que gobernó a placer según el modelo Fidel- Chávez-Maduro-Lula-Iglesias. Fueron vicepresidentes Lenin Moreno en la primera y segunda: 2007 y 2009; y Jorge Glas, en la tercera: mayo 25-2013 a mayo-25-2017. Lenin, presidente hasta mayo-24-2021, con Jorge Glas de vicepresidente hasta enero-6-2018, y tres vicepresidentes más.

Salta a la vista con solo este recuento que el nuevo presidente Guillermo Lasso no puede gobernar con una Constitución hecha para el Acuerdo de Sao Paulo que gobierna con las mafias, usa el saqueo del Estado para financiar causas más grandes y continentales y para que los equipos de tales gobiernos puedan vivir cómodamente sin preocuparse del pan de cada día, pues ya lo tienen y en abundancia. Una Constitución de derechos convertidos en políticas públicas dirigidas a que la corrupción ya no sea corrupción sino financiación de la Patria Grande.

El actual residente ha anunciado un referendo. ¿Será para que el monstruo no luzca monstruo sino más bien hermoso? Con una Constitución hecha para el Socialismo Siglo XXI y remendada, Guillermo Lasso se pondría una soga al cuello. Y lo colgarán al grito de “Oligarca” y al grito de “Mitómano”. Teniendo a mano la solución de volver a la de 1998, y de no hacerlo, el señor Lasso se quedaría ciego. “Dale limosna, mujer, / que no hay en la vida nada, / como la pena de ser/ ciego en Granada”.

El presidente Lasso empezó bien: juró sobre la Sumak Kawsay, pero exorcizada por una pesada Biblia. Y su primera decisión fue convocar a un Consejo de Seguridad para cuidar a la gente de las muertes violentas que las mafias han causado bajo el manto de una Constitución permisiva. La segunda ha sido la libertad total de prensa sujeta al código civil en probables excesos de los medios.

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