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Miércoles 19 de junio 2019

Uno.- La Asamblea Legislativa da muestras constantes de su ineptitud: Existen tres comisiones que no se pueden integrar por falta de decisión del Pleno. El sainete de la interpelación a la ex canciller incluyó engaños, ingenuidades y tráfico de votos. Y se acaba de publicar en el Registro Oficial del 29 de mayo, el Código de Comercio que pasará a los anales como muestra de la incapacidad de la Asamblea para expedir una ley coherente. El Código incorpora considerandos que se refieren al buen vivir, a que las relaciones internacionales responderán a los intereses del pueblo ecuatoriano “al que le rendirán cuenta responsables y ejecutores” y “que resulta necesario brindarle a la Patria un nuevo Código de Comercio”. Pero es el único Código de esta magnitud que no tiene índice y que entró en vigencia desde la publicación en el Registro Oficial. 1.348 artículos que introducen modificaciones importantes frente al antiguo código, no pueden imponerse de un día a otro, sino que es elemental dar el tiempo mínimo necesario para que los ciudadanos adecuen su ejercicio a las nuevas normas. El Código Integral Penal, el Código General de Procesos y el Código Orgánico Administrativo, para citar tres casos, entraron en vigencia, 180 días el primero y 12 meses los otros, después de su publicación en el Registro Oficial.

Dos.- A propósito del matrimonio entre personas del mismo sexo, resuelto por mayoría de votos en la Corte Constitucional, se ha desatado una campaña a favor y en contra, en la cual los defensores y opositores se agreden con violencia y nulo respeto al orden jurídico. Si la clarísima redacción de los artículos 67 y 68 de la Constitución requieren interpretación, y no reformas legales, los intérpretes carguen con su responsabilidad. Pero con el nuevo matrimonio ni se acaba la familia, ni contribuye a la modernización de la sociedad. Si algunas personas claman por la bendición laica para sus relaciones, pues que se refocilen a gusto.

Tres.- Eran notorios los enormes recursos con que contaba Correa para las campañas, que las ganaban una tras de otra. Se conocía que había contratistas del Estado que, obligados o no, pagaban grandes sumas para recibir negocios suculentos. Pero como si eso fuese poco, lo más despreciable es que recursos destinados a la reconstrucción de Manabí y Esmeraldas y fondos de la fatídica Senain, se hayan destinado a asegurar el triunfo de Correa, embaucando a los ciudadanos. La impunidad de estos delitos sí destruirá la sociedad.

Cuatro.- El Consejo de Participación Ciudadana empezó mal, por el propio sistema y por las votaciones paupérrimas de sus integrantes. Y empeoró su situación cuando eligió presidente a un cura desubicado que en sus primeras declaraciones aseguró que “solamente hablaré con autoridades de mi propia jerarquía”.