Farith Simon

Mirar a otro lado

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Lunes 21 de mayo 2018

El día viernes 18 de mayo, el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas aprobó una resolución condenando las violaciones al derecho internacional de los derechos humanos cometidas por Israel, esta vez en el marco de las últimas protestas en los territorios ocupados palestinos y Jerusalén oriental; se aprobó con 29 votos afirmativos, 14 abstenciones y 2 votos en contra (Estados Unidos de Norteamérica y Australia).

La resolución se suma a muchas otras anteriores que dejan en claro las obligaciones que tiene Israel, como potencia ocupante, en el respeto y protección de los palestinos y la forma en que, sistemáticamente, usa la fuerza de forma desproporcionada e indiscriminada contra civiles, incluso en el marco de protestas pacíficas. El resultado son una serie de detenciones arbitrarias, heridos y vidas inocentes perdidas, en ataques deliberados contra personas que están ejerciendo el derecho a expresarse en su propia tierra, convertida por la ocupación en una gran cárcel, que muchos califican como en el campo de concentración a cielo abierto, más grande del mundo.

El Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas exige a Israel el cese inmediato de los ataques y la incitación a la violencia; que ponga fin al cierre ilegal de la Franja de Gaza (considerado una forma de castigo colectivo a los palestinos que viven allí); que permita el trabajo de una comisión internacional independiente para investigar los ataques militares a gran escala, que comenzaron el 30 de marzo de este año. Israel y sus aliados sostienen que esta resolución es producto de la política.

El 14 de mayo se cumplió 70 años de la creación del Estado de Israel, algo que se celebró con mucha pompa y con la simbólica y ofensiva inauguración de la Embajada de los Estados Unidos en Jerusalén. Los palestinos celebran al día siguiente, la Nakba, día de la catástrofe, del desastre. A partir de ese día han perdido sus casas, sus vidas, han sido desplazados al desierto o a otros países, los que se quedaron son tratados como seres humanos de segunda clase, despreciados, hostilizados. Una situación injusta a todas luces.

El conflicto no podrá terminarse sino se toman medidas para poner fin a la violencia con la que se ataca a civiles indefensos y, a la par, se reconoce la existencia de dos pueblos y dos estados. Es verdad que esto pasa por que los países árabes - y Hamás- reconozcan al Estado de Israel, una oferta hecha por la Liga Árabe en el año 2002; y, por el completo retiro israelí de los territorios ocupados, reconociendo a Jerusalén Este como capital de Palestina.

Pasan los años, la inmovilidad, la imposibilidad de pensar en un futuro, los abusos y la indignación son un fuerte incentivo para que el conflicto no termine y la violencia se incremente, por ello la mayor parte de la comunidad internacional no puede seguir mirando a otro lado y ser cómplice de los abusos y de un genocidio, mientras sus diplomáticos sonríen para las fotos.