Diego Araujo Sánchez

Mirada de León-Portilla

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Martes 29 de octubre 2019

daraujo@elcomercio.org

El primer día de octubre murió Miguel León-Portilla, el mayor especialista de la literatura, el pensamiento y la lengua del México antiguo. Sus investigaciones nos enseñaron que los náhuatl tenían dos expresiones literarias básicas: los cuicatl y los tlatolli. En cada una de estas, que pueden ser asimiladas a la prosa y poesía de las literaturas occidentales, se preservaron múltiples variantes: poesía guerrera, cantos tristes, poemas alegres, cantos a los dioses...Entre los textos en prosa sobresalen los huhuetlatolloli, consejos que los ancianos daban a los más jóvenes.

En el México antiguo, Bernardino de Sahagún y los primeros frailes misioneros españoles desempeñaron un papel decisivo para que se salvaran numerosos textos en lengua náhuatl: los recogieron ellos o los indígenas a quienes enseñaron los religiosos franciscanos el alfabeto latino.

León Portilla indagó en detalle vida y obra de trece poetas del mundo azteca. Entre esos poetas con nombre y rostro conocido, el mayor es Nezahaulcóyotl, que nació Tetzcoco en 1401. Un hecho trágico e inesperado marcó su vida: a los 16 años vio morir a su padre. Con el asesinato del rey, su nación cayó en poder de los tecpanecas. El joven salvó su vida en el exilio. Allí, con habilidad, consiguió al cabo de los años el apoyo de los aztecas para reconquistar su mundo perdido. Después de haber vencido a los usurpadores, pudo coronarse rey de Tezcoco en 1431. Desde entonces gobernó su pueblo, con notable sabiduría, durante cuatro décadas. Constructor de palacios, calzadas y jardines; legislador sabio; promotor de las artes y las letras, se destacó por su prudencia.

Según el testimonio del cronista indio Ixtlilxóchitl, citado por León Portilla, fue Nezahualcóyotl “el más poderoso, valeroso, sabio y venturoso príncipe y capitán que ha habido en este Nuevo Mundo”. Es el nombre conocido más antiguo de la poesía de la América prehispánica. Se conservan de él alrededor de 30 poemas; su lectura nos revela algunas de las obsesiones de la lírica de todos los tiempos: “Yo, Nezahualcóyotl, lo pregunto:/ ¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?/ No para siempre en la tierra: / solo un poco aquí./ Aunque sea de jade se quiebra,/ aunque sea de oro se rompe,/ aunque sea de plumaje de quetzal se desgarra./ No para siempre en la Tierra:/ solo un poco aquí”.

Como a este poeta, León-Portilla ha ayudado a valorar múltiples expresiones del mundo indígena desde los ojos de nuestra América. Estudió la filosofía náhuatl, tema de su primer gran libro. Otro de sus aportes esenciales es “La visión de los vencidos”, obra en la cual el relato de la llegada de los españoles y de la conquista proviene de los ojos indígenas. Este dar la vuelta la mirada para recuperar los propio es una de las lecciones perdurables de León-Portilla.