Milton Luna

Ni de lejos…

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Sábado 06 de octubre 2018

Durante nuestro siglo XX, hubo varios intentos frustrados por afianzar la modernidad a través de la industrialización. En el siglo XXI, con Correa, se volvió a repetir la fallida experiencia: “el cambio de la matriz productiva” quedó en nada.

Lo cierto es que los gobernantes, partieron siempre de una visión economicista alineada a las elites. El desarrollismo de los años 50 al 70, fue la mejor expresión de ello. El conocimiento de la historia y de la realidad presente era escaso. No apareció un pensamiento propio, copiamos y mal los modelos de fuera. En todos los casos los capitanes de la “reforma” fueron: el Estado paternalista, las masas populares convertidas en clientelas y las élites rentistas que, al menos desde los años 90, reclamaron como ahora, ser las líderes de un proceso transformador, que nunca cuajó.

Para dar cuenta de tanto fracaso, se deben realizar investigaciones interdisciplinarias, que lleven a comprender nuestra modernidad. Asumiendo que la “nuestra”, a decir del pensador Bolívar Echeverría, “es una de tantas y distintas modernidades”. Pero que para caracterizarla cabe desentrañar su complejidad: “la vida económica de una entidad sociopolítica e histórica puede presentar magnitudes muy variadas de pertenencia a la vida económica dominante del planeta, globalizada por la acumulación capitalista. Ámbitos en los que rigen otros modos de producción-e incluso de economía- pueden coexistir en ella con el ámbito capitalista; pueden incluso dominar sobre él, aunque la densidad o “calidad” de capitalismo que éste pueda demostrar sea muy alta”.

Pero no solo hay distintas modernidades, sino, según el historiador Barrington Moore, diferentes rutas para llegar a ellas. Todas cargadas de su propia historia. Lo cierto es que más estudios de historia y de otras ciencias sociales descubren que nuestra modernidad está cargada de un gran peso colonial. Así durante largo tiempo han convivido tradición y civilización, configurando una modernidad ambigua y conservadora, que direcciona y limita los cambios, dentro de un acceso en desventaja al capitalismo global.

Hoy el cambio de modelo económico, social y cultural no es discutido, no existe. Hasta hace poco, hasta el lanzamiento de las medidas económicas, se habló de cambio de paradigma, entendido tal como el paso, del protagonismo del Estado al de la empresa privada (¿todavía rentista, viviendo del Estado?) en la economía. Sin embargo, ningún experto habló de la necesidad de superar el modelo primario exportador que está vigente hasta hoy, desde 1785, es decir desde hace 233 años. Ni del modelo patriarcal que tiene más de 500 años. En otras palabras, ni de lejos estamos preocupados de problemas sustantivos. Entonces, es probable, que en este momento, el rentismo y el paternalismo otra vez ganen.