Milton Luna

Me decían que actúe con violencia

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Sábado 29 de septiembre 2018

En el 2015, Julia Andrade (nombre ficticio), profesora de una escuela ubicada en uno de los barrios más peligrosos de la ciudad, decidió impulsar una experiencia pedagógica arriesgada e innovadora. Sus alumnos de sexto año de educación básica, pobres y con alguno de sus padres en la cárcel, no aprendían. Su comportamiento en clase era disperso, desganado y muy violento.

La directora del establecimiento y muchos de los profesores, frente a chicos tan “problemáticos” habían “tirado la toalla”. Ante la violencia, pues aplicar más violencia. “Muchos (colegas) me decían que actúe con fuerza, es decir sacando del aula a unos, castigando a otros. Pero me considero docente que pretende dar el salto de esas formas de actuación a otras en donde el acompañamiento, el diálogo, sean los métodos utilizados.”, dice Julia.

En vez de cruzarse de brazos o de seguir los consejos de sus compañeras, la maestra Julia decidió tomar otro rumbo para revertir las malas condiciones de enseñanza. Hizo un diagnóstico, buscó asesoramiento en el proyecto Navegar y planteó una metodología para lograr que sus alumnos se motiven, establezcan otro tipo de relación entre ellos, con sus profesores, con sus familias y sobre todo con el aprendizaje. “Reconocimos que los estudiantes no valoran lo que aprenden. Para ellos…, esos conocimientos que les enseñamos no tienen mayor utilidad y por tanto no los perciben como importantes. Pero concluimos que cualquier persona aprende con gusto aquello que sabe que le servirá”. Y ese fue el descubrimiento y el camino: enseñar para que los chicos encuentren su proyecto de vida.

Pero la propuesta se topaba con la rígida institucionalidad de un Ministerio de Educación que había implantado un modelo vertical y estandarizado. Con mucha dificultad pudo abrir en su escuela y en su aula un espacio dentro de tiempos, planificaciones, pruebas, de un currículo oficial que debía cumplirse a raja tabla. Duplicando su trabajo, hizo uso de un método a través de las Tics, de computadoras “viejitas” y prestadas por Navegar. Trabajó dos años con sus alumnos y familias, obteniendo progresivamente resultados asombrosos y positivos, de estudiantes que mejoraron sus aprendizajes, sus comportamientos y su perspectiva de la vida. Lamentablemente, como el proyecto se salía del “orden” fue suspendido.

El correato creó un modelo educativo autoritario, todavía vigente, que intentó fulminar la creatividad e innovación, sin embargo se topó con docentes y escuelas que lo enfrentaron con valentía y creatividad desde la pedagogía. Surgieron muchas Julias, que no pueden exponer su nombre públicamente para no ser sancionadas, pero su acción y vocación, debería inspirar un movimiento pedagógico y apuntalar el cambio pendiente.