Miguel Rivadeneira

Indolentes e indiferentes

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Lunes 29 de abril 2019

Cuando uno escucha u observa los dramas que se viven por la inseguridad ciudadana, escandalosos casos de corrupción, o los acuciantes problemas de salud y especialmente cuando se enfrenta un cáncer o enfermedades catastróficas, se regresa a ver que hay un Estado y una sociedad indolentes, que solamente comienzan a preocuparse cuando le pasa algo a alguien muy cercano, a veces demasiado tarde. No son mucho más proactivos y solidarios, de modo que enfrenten y contribuyan oportunamente en la búsqueda de soluciones. Que no sean parte de los problemas sino del arreglo de los mismos.

Indolencia con los asaltos a diario, que cada vez se multiplican, que se cometen en las calles u hogares, en medio de la queja posterior y la lenta reacción de las instituciones que prometen indagar y dar con los malhechores cuando el daño y el trauma quedan marcados en las personas, peor si hubo asesinatos. Como si fuera un mal de muchos pero consuelo de bobos, las estadísticas que impusieran con demagogia en el régimen anterior es que en el país se bajó la tasa de homicidios a un dígito, aunque se agraven y proliferen cada día los robos comunes a los ciudadanos.

Indolencia con los problemas de salud y un Estado que incumple mandatos constitucionales. Según el art. 50, el Estado garantizará (obligatorio) a toda persona que sufra de enfermedades catastróficas o de alta complejidad (diversos tipos de cáncer) el derecho a la atención especializada y gratuita en todos los niveles, de manera oportuna y preferente. Otro cuento de nunca acabar porque no se dispone de todos los medicamentos eficaces en los tratamientos modernos, como argumenta y se queja la Fundación Jóvenes contra el cáncer, que solo cuenta con la fortaleza de sus guerreros y las miles y miles de expresiones de “me gusta” o el reenvío de los mensajes cuando se plantean a la sociedad casos dramáticos, pero con una escasa ayuda. También la respuesta de que sigue en análisis, no se sabe hasta cuándo, la actualización del cuadro nacional básico de medicamentos.

Indolencia e indiferencia con tanto acto de corrupción que cuando se denuncian y presentan nuevos casos casi resbala y se vuelve común y corriente. Ya no impacta o se llega a la equivocada conclusión popular que no importa que robe pero que haga obra, incluso con sobreprecios y hasta mal hechas, como en la década del correismo. Se cae en el engaño de politiqueros y populistas que estuvieron pletóricos de actos de corrupción, algunos judicializados y la gran mayoría en la impunidad o, para tranquilizar a los críticos, están en investigación por mucho tiempo. Se olvida que la Constitución que la revolución ciudadana le hiciera aprobar al pueblo hace 11 años obliga a los ciudadanos a denunciar y combatir los actos de corrupción (art. 83). Indolentes e indiferentes, ¿hasta cuándo?