Miguel Rivadeneira

La peste revolucionaria

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Lunes 09 de diciembre 2019

Ni la derecha ni la izquierda han podido solucionar los problemas sociales y económicos en América Latina. No han logrado resolver las condiciones acuciantes de la mayoría y han profundizado los niveles de inequidad, lo que constituye una bomba de tiempo a estallar.

Con sus legítimos reclamos, la gente quiere soluciones concretas y que le resuelvan sus problemas y mejorar sus niveles de vida. Que generen fuentes de empleo y que no les utilicen los sectores extremistas que hablan de servir al país y se sirven del país. Promocionan la atención a los pobres y cuando llegan al poder los únicos que salen de la pobreza son ellos, los que pertenecen al partido único, con proclamas del siglo pasado, que engañan a las comunidades y que se extienden como una peste revolucionaria, fundamentados en las propuestas del Foro de Sao Paulo.

Las élites y la clase política han estado divorciadas de las demandas ciudadanas y no han entendido que antes que nada hay que crear una economía sustentable, un estado de bienestar, y solucionar los problemas urgentes de educación, salud y seguridad. Al contrario, han permitido, por acción u omisión, la confrontación con violencia, vandalismo y destrucción, lo que generara caos, enormes pérdidas y resultados lamentables en varios países.

De esto se han querido aprovechar sectores extremistas, que han construido modelos que han fracasado y que han llevado a la pobreza y la miseria a sus pueblos, en medio de la imposición del pensamiento único, con rígidos controles. Ese ha sido el caso de Cuba y Venezuela, que no han podido solucionar sus problemas internos y pretenden exportar lo que en décadas no lograron arreglar.

En medio del péndulo político, quienes han proclamado la lucha de clases y el impulso de procesos autocalificados de revolucionarios, lo que han hecho es acomodarse, aferrarse al poder y buscar mecanismos mañosos y fraudulentos para perennizarse en los cargos. Así han actuado, con prácticas autoritarias y dictatoriales, los regímenes populistas y corruptos de Venezuela, Nicaragua, Bolivia y el Ecuador, que se libró gracias al cambio de rumbo con la actual administración.

Hablan de los pobres y de la búsqueda de equidad, pero sus dirigentes y seguidores cercanos han sido los primeros en dejar ese estado de cosas para pasar a mejor vida, aunque aparentan lo contrario.

Unos viven cómodamente en el exterior y otros disfrazan su situación local. Quieren igualdad pero en la pobreza, con sueldos de miseria. Frente a ello el país y la región requieren con urgencia de nuevos liderazgos, que recuperen con pragmatismo los valores morales y éticos, que no sean malos ejemplos de corrupción y enriquecimiento ilícito sino que trabajen y emprendan procesos de rescate de las instituciones.