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Jueves 23 de agosto 2012
23 de August de 2012 23:55

En la época de la Alemania de Hitler, el gobernante y su partido político captaron las áreas desde las cuales podían ejercer influencia en el pueblo.

La gente tenía miedo. Miedo del hoy, del mañana. Miedo de sus vecinos y amigos. Miedo de las reacciones del ‘Fuhrer’. Miedo de sus jóvenes hijos, alienados por la doctrina impuesta por el gobernante. No hablaban por miedo a que sus ideas fueran comunicadas a los esbirros del régimen. Hitler tenía, a más de la intención de conquistar Europa, el interés de acabar con los comunistas, liberales, judíos y gitanos. La mayoría de ciudadanos no reaccionaron, no era con ellos. Se iba en contra de grupos políticos, se-gún las autoridades, conformados por extremistas. Persiguió por odio a comunidades, entre otras, a la de los judíos.

Concluida la Segunda Guerra Mundial, en uno de los juicios que se iniciaron en Nuremberg en contra de jerarcas del régimen nazi, uno de los encausados fue un juez nazi que durante la era de Hitler sentenció a muchos alemanes. Este ex magistrado pidió reunirse con su juzgador, a quien explicó que durante los años del ‘Fuhrer’ nada podía hacer, por más que le pareciera injusto, ya que el sistema le obligaba a comportarse tal como él y otros magistrados lo hicieron. El juez que juzgaba al ex juez del régimen nazi le respondió que precisamente ese era el problema, no haber parado a tiempo los excesos, por eso el gobernante abusó de la gente y del poder.

En diario El Universo se publicó una entrevista a Jorge Zavala Egas, quien sostuvo que si bien la política antes estaba metida en la designación de los jueces de la decapitada Corte Suprema de Justicia, “ahora la Corte Nacional está politizada, pero, asimismo, ahora de forma directa, han politizado desde las cortes provinciales hacia abajo, hasta el último juez de Tránsito y de Niñez y Adolescencia. Hay una metástasis de la corrupción política en la Función Judicial”. Según el doctor Zavala, los jueces nombrados por el Consejo Nacional de la Judicatura de Transición, son cercanos al Gobierno.

Sin la imparcialidad e independencia que todo juez debe mantener en los procesos sometidos a su decisión, algunas sentencias se encuentran atadas a intereses políticos. Hoy las resoluciones de la mayoría de jueces depende de la amistad que los abogados, o las partes, tengan en gente cercana a Carondelet, o de las presiones que ejerza el Ejecutivo sobre el juez encargado del proceso judicial. Es cierto aquello que el Poder Ejecutivo ha capturado al Poder Judicial.

No es deseable en ningún país, que sus jueces sean enjuiciados por no haber detenido el abuso de poder de funcionarios influyentes.

El miedo de jueces no es justificación para no aplicar el derecho y la justicia en sus fallos... pero el daño estará hecho.