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Sábado 18 de agosto 2012
18 de August de 2012 00:01

El mecanismo de contraponer versiones de los hechos provoca la perplejidad de los ciudadanos que carecen de argumentos racionales para establecer cuál es la verdadera; no tienen más remedio que adherir a una de ellas basados en la fe. Los periodistas no pueden estar en todas partes y la mayoría de los hechos les llega por fuentes y testimonios; el valor de las fuentes y la verificación de los testimonios otorgan credibilidad a los relatos que publican. Pero la política está saturada de versiones contrapuestas que la prensa no tiene más remedio que difundir. El Gobierno exige que su versión sea divulgada con fidelidad y la oposición reclama también el derecho a la publicación exacta de su versión. El resultado: una visión absurda de versiones contrarias.

Veamos dos ejemplos recientes. La oposición denuncia que los contratos de la deuda con China son inconstitucionales porque implica renuncia a la soberanía, la entrega de un poder para que China cobre a nombre del país, a depositarios de los recursos ecuatorianos, los desembolsos por la deuda contraída. La versión oficial es absolutamente contrapuesta, sostiene que ni siquiera es deuda externa sino venta anticipada de petróleo, que en ejercicio de la soberanía se ha liberado de los gobiernos y organismos que imponían condiciones inaceptables.

Lo mismo puede decirse del acuerdo entre el PRE y el gobierno negociando la antidemocrática destitución de 57 diputados a cambio de amnistía para el líder del partido. El director del partido asegura que hubo acuerdo y presenta fotos de la reunión como prueba; el gobierno asegura que nunca hubo tal acuerdo y las fotos se convierten en argumento para una acusación judicial. Este esquema siguen todas las discrepancias entre gobierno y oposición.

Nada hay de bueno en el gobierno, según la oposición. Todas las denuncias de la oposición son mentiras y calumnias, según el gobierno. La fórmula de contraponer versiones se generaliza y los periodistas parecen entrampados. En nombre de la objetividad se exige la publicación de versiones contrapuestas y se pide a la prensa que no tome partido. La estrategia política confunde el error con la mentira; conduce al relativismo de creer como el poeta que “nada es verdad, nada es mentira…” No puede ser lo mismo cometer un error de buena fe que mentir descaradamente.

La diferencia entre el error y la mentira está en que el error cree que es verdad aquello que honestamente proclama; en tanto que la mentira trata de suplantar deliberadamente a la verdad. La mentira no es una diferencia de percepción, es un vicio del espíritu que implica agresión al interlocutor. No parece posible un mundo sin mentiras, pero cuando la mentira se generaliza y se convierte en una técnica, cada ciudadano tiene que convertirse en un detector de mentiras.