Diego Almeida Guzmán

La mediocridad

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Sábado 28 de noviembre 2020

El Diccionario de la Lengua Española define a la “mediocridad” como la calidad de mediocre, y “mediocre” aquello de poco mérito, tirando a malo. En el campo social, la mediocridad se identifica en los actores cuya proyección dista – más allá de lo sensato – de lo que se espera de un individuo medianamente pensante. G. W. F. Hegel en Lecciones sobre la Filosofía del Derecho, afirma que “El hombre es únicamente hombre en tanto que razón… en tanto que autoconciencia pensante”.

La sicología moderna se ha encargado de desarrollar una interesante teoría: el síndrome de la Mediocridad Inoperante Activa (MIA). Se presenta cuando el individuo, sin mayores virtudes pero con ansias de reputación mal entendida, accede a organizaciones que terminan siguiendo la mediocre suerte de sus inoperantes dirigentes. El riesgo adopta visos de dramatismo desde que – las organizaciones – tienen funciones de búsqueda de soluciones sociales estructurales, pues el Mediocre Inoperante Activo injerta su vicio en subterfugios. Uno de los rasgos más evidentes del MIA, en penosa defensa de su tontería, es la envidia y los prejuicios, que lo lleva a menospreciar a los capaces intelectuales.

La MIA tiene ascendente en el denominado Principio de Peter, según el cual en todo proceso de “jerarquización” existe un límite hasta el que la persona puede remontar sin que su promoción sea dañina. Al rebasar esa meta se devela la incapacidad intelectual del individuo, que permite apreciar su mediocridad. Cabe aquí una meditación filosófica. J. Locke, filósofo inglés considerado uno de los mayores exponentes del liberalismo clásico, distingue dos tipos o clases de ideas: las simples y las compuestas. Las simples provienen de los sentidos o de las sensaciones; estamos ante reflexiones no coligadas entre sí. Las ideas compuestas, por el contrario, son producto de una actividad mental asociativa, que liga las – ideas – simples como dinamismo intelectual complejo. El mediocre limita su entendimiento a las primeras, pues su insuficiente erudición le impide un análisis completo de las problemáticas globales.

La pequeñez del hombre no tiene mayor relación con su formación académica, cuanto sí con su actitud. Con sabiduría se dice que la “actitud” es lo que diferencia a un mediocre de un ganador. Lo lamentable en cualquier entidad con influencia social está en su no-disposición a admitir la ignorancia intelectual de sus dirigentes, y en su resistencia a rebelarse contra el mediocre.
Einstein sostiene que los grandes espíritus siempre han encontrado una violenta oposición de parte de las mentes mediocres, siendo que no pueden entender cuándo un hombre deja de sucumbir a prejuicios sino que honestamente y con coraje usa su inteligencia. El mediocre, como sinónimo de anodino, es una contingencia social.