Mauricio Pozo Crespo

Legalizar la mediocridad

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Sábado 20 de abril 2019

Una de las más claras manifestaciones de la falta de desarrollo de un país es su nivel de educación. En el caso del Ecuador, la educación básica no tiene las condiciones necesarias que permitan una mejor formación ciudadana. La educación secundaria ha retrocedido, por ejemplo, por ofrecer bachilleres que antes podían graduarse con títulos de tecnólogos en mecánica, contabilidad o electricidad, accediendo con ello a ciertos trabajos, pero ahora se gradúan con estándares mediocres y sin oficio alguno. En plena era de la inteligencia artificial, los bachilleres buscan ingresar a las universidades sin ninguna formación básica en inglés, circunstancia que no solo les limita el ingreso a varios centros superiores sino que les frena su potencial desarrollo posterior. Adicional a esto, el gobierno anterior tuvo la osadía de confeccionar textos escolares que publicitaban absurdos y obsoletos postulados de la revolución ciudadana del Siglo XXI, pretendiendo adiestrar a los jóvenes a tesis atadas a prejuicios mentales y sociales, además de vanagloriar abiertamente al gobierno correísta. Estos males, lamentablemente para la gran mayoría de nuestros estudiantes, recae con mucha mayor fuerza en la educación pública.

Junto a estos daños de incalculables consecuencias, ahora la Vicepresidenta de la Asamblea Nacional pretende intervenir en la educación superior privada a través de techos irracionales a los valores de las pensiones universitarias, paradójicamente en instituciones y universidades privadas de educación superior que no reciben un solo dólar de ayuda estatal. Esto, que asomaría como socialmente justo y políticamente rentable, podría terminar siendo socialmente injusto y perjudicial para los mismos profesionales que supuestamente se pretende beneficiar. ¿Quién ha dicho que fijando techos a las pensiones o rebajándolas se va a mantener o, peor aún, va a mejorar la calidad académica? ¿Acaso es un problema de oferta y demanda pura? ¿Acaso la educación académica superior es un asunto puramente cuantitativo donde no cuenta la calidad y los aspectos cualitativos?

El daño causado a la educación es incompatible con los principios hasta morales y éticos de lo que significa alcanzar un título universitario de tercer o de cuarto nivel. Los falsificadores de títulos académicos, como el expresidente del Banco Central del régimen anterior, Pedro Delgado, el retiro del título de cuarto nivel a la exvicepresidenta de la República de este gobierno, María Alejandra Vicuña, entre otros casos, ilustran claramente que a algunos les importa un bledo si saben o no saben, si aprendieron o no aprendieron, solo les interesa el cartón para poder acceder a ciertos cargos quién sabe con qué propósitos. Pretender fijar pensiones a la educación privada es tratar de legalizar la mediocridad en el país.